| En 1998, Abel González, fue el ombudsman
del diario Perfil |
| El último Defensor del Lector |
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| Un trabajo académico rescata la labor
de Abel González en 1998, cuando ejerció como ombudsman del desaparecido
diario Perfil, de Jorge Fontevecchia. El Código de Ética incluido
en el Manual de Estilo. Como reaccionaron por entonces Clarín y La
Nación. De qué se quejaron los lectores de Perfil. Las criticas de
Goldberg, Majul, Eliachev y Escudé. Los lectores necesitan quienes
lo defiendan, pero también se requiere madurez de la prensa y comprensión
del lectorado, dice la autora. El proyecto de un senador nacional
que busca regular la figura del ombudsman. |
El 30 de julio de 2003 el DsD presentó
en Zona Dura “Los diarios argentinos violan los derechos de sus lectores”.
Allí destacó que los matutinos presentan “espacios reducidos para
las cartas, no existen los ‘defensores’ ni posibilidades de publicar
las criticas sobre los contenidos” que los medios editan.
También señaló que “Cuando un lector de matutinos decide criticar
el contenido de una nota, artículo u opinión sólo le queda la esperanza
que en espacios reducidos del diario, alguna vez, salga publicada
su misiva. Será seleccionada entre miles o cientos de cartas que diariamente
ingresan a los periódicos. Pero no habrá nadie que le conteste. Y
menos aún que lo haga en el mismo matutino. El Defensor del Lector
no existe en la Argentina”. (ver http://www.diariosobrediarios.com.ar/dsd/diarios/zona_dura/30-7-2003.htm
)
Dos nuevos aportes actualizan el tema.
El primero es un trabajo de Flavia Pauwels, licenciada en Ciencias
de la Comunicación, egresada de la UBA con diploma de honor, titulado
“¿Quién defiende a los lectores en los diarios argentinos?”, elaborado
para la materia Diseño de la Información Periodística, de la carrera
de Ciencias de la Comunicación de la UBA, en octubre de 2004. Analiza
las columnas del único “ombudsman” que tuvo un matutino capitalino,
en aquel fallido diario de Fontevecchia. Pauwels tuvo la gentileza
de enviar su trabajo al DsD, ya que fue una de sus fuentes. Tambien
autorizó su publicación.
El segundo es un proyecto presentado por el senador, Ricardo Massoni
(UCR), quien plantea exenciones impositivas a los medios que establezcan
un “Defensor del Lector” y cuyos fundamentos contienen abundantes
antecedentes del periodismo mundial. La iniciativa fue girada a las
Comisiones de Sistema, Medios de Comunicación y Libertad de Expresión
y a la de Presupuesto y Hacienda. Aún no fue tratado.
El proyecto describe detalladamente las funciones, la elección y demás
características que tendría que tener el Ombudsman. Propone que “gozarán
del incentivo fiscal, aquellos medios de comunicación gráficos que
cumplan con lo establecido en la presente norma”. El beneficio consiste
en los siguientes instrumentos: Las ventas, compras, locaciones y
prestaciones de servicios necesarios para desarrollar la actividad
del medio gráfico, tendrán una reducción en la alícuota del IVA del
4 % del vigente y reducción del 4 % de la alícuota del IVA., conforme
lo previsto por el artículo 7º de la Ley de IVA. y sus modificatorias,
a las operaciones de importación que realizaren los beneficiarios
en el marco de su actividad. |
| Antecedentes |
Pauwels dice que “el único antecedente en el periodismo diario nacional argentino lo constituyó el matutino Perfil, en 1998. Antes, hubo intentos de corta duración en revistas como La Maga, donde Adriana Lezereti ocupó el cargo de defensora, y en la publicación femenina Luna, con Cecilia Absatz”.
Agrega que “La aparición de Perfil en el mercado editorial llevó a los otros diarios a buscar cubrir aspectos hasta ese momento escasamente explotados. Si bien el diario La Nación siempre se caracterizó por brindar importantes espacios para las cartas de sus lectores, el surgimiento de otro medio que pretendía captar a un público similar al suyo, incentivó al centenario matutino a crear el 3 de mayo de 1998 la sección ‘Diálogo semanal con los lectores’, a cargo del experimentado periodista Octavio Hornos Paz (ya fallecido, reemplazado por Lucila Castro). Esta columna que fue definida como ‘una invitación al diálogo’ se diferenciaba de la sección ‘Cartas’ – cuya función era recibir opiniones de los lectores sobre cualquier aspecto de la realidad - por la posibilidad de ‘ofrecer una respuesta a las dudas o quejas sobre cómo y por qué se escribieron los textos aparecidos en el diario’. Si bien la columna de Hornos Paz se presentó con algunas de las características asignadas en la prensa internacional a la figura del Ombudsman, nunca el periodista se atribuyó tal título, ni el manual de estilo de La Nación le reconoció tal función”. |
| El caso Clarín |
Pauwels también alude a lo hecho por Clarín al respecto.
“En tanto, el diario Clarín no buscó en ese momento ampliar el espacio otorgado a sus lectores. Cuando años después, en septiembre de 2003, el editor general del matutino, Ricardo Kirschbaum fue consultado por la revista Noticias sobre si tenía pensado incluir al ombudsman del lector como uno de los aportes al nuevo rediseño del diario, el periodista reconoció:
‘Tenemos una discusión en torno a su efectividad, la experiencia a nivel mundial ha tenido pro y contras. Quizás haya que convocar a un grupo de periodistas que trabaje en el área de control de calidad del diario. No lo haremos regularmente, sólo cuando nos parezca necesario’.
Sigue diciendo Pauwels que “Sin embargo, el mismo editor cambió de opinión cuando en mayo de 2004 anunció que se incorporaba a la edición dominical la sección Lectores, ‘una página de interactividad con cartas que plantean problemas, críticas, señalan errores o discrepan con la información u opinión publicada por Clarín’. Se asignó así al periodista Osvaldo Pepe, ‘un editor con trayectoria y experiencia’, la labor de ‘dar su punto de vista después de haber estudiado el problema planteado’ por el lector. Al igual que en La Nación, aparecía en Clarín, aunque varios años después, un espacio y un profesional del medio para atender las inquietudes de los lectores, pero tampoco en este caso el diario le otorgaba el título de Ombudsman o Defensor, ni su función aparecía regulada por ningún estatuto”. |
| Otros diarios |
Pauwels traza un panorama del resto de los diarios.
“En lo que respecta a los demás matutinos que se editan en la Capital Federal y sus alrededores, algunos - como La Prensa y Popular - dedican espacios importantes a las cartas de sus lectores, otros como Página/12 seleccionan sólo un mensaje que aparece en la contratapa. La característica de estos diarios es que sólo se limitan a publicar esas cartas, pero no hay respuestas a las inquietudes, que generalmente tratan sobre problemáticas del país y no sobre la política editorial del medio en particular. Finalmente, existen diarios - que si bien anuncian su teléfono, dirección y mail para que sus lectores se comuniquen -, nunca le conceden a esos mensajes un lugar y un tratamiento en las ediciones diarias”. |
| El caso Perfil |
Al referirse al diario de Fontevecchia recuerda que “El N 1 del diario Perfil salió a la venta el sábado 9 de mayo de 1998. Después de publicarse como página en Internet y de múltiples ‘números cero’ que se editaron como ‘forma de entrenamiento’ y que ‘jamás llegaron a la calle’, por fin, el diario estuvo en manos de los lectores”.
Apunta que “Este nuevo medio surgió de la editorial de revistas homónima y la identificación en el nombre implicó, según su director Jorge Fontevecchia, asumir ‘las ventajas de la identidad y la transparencia’ conseguida por la empresa a lo largo de los años, y a la vez, un estilo que le había costado clausuras durante la última dictadura y juicios en plena democracia”.
Señala que “Perfil –que se inspiraba en el diario español El País- fue definido por sus hacedores como ‘un diario evolucionista’, de estilo ‘antidemagógico’, que se proponía ofrecer todos los días de la semana un producto con la misma elaboración de los diarios dominicales y que apostaba, por lo tanto, a un lector de buen nivel económico, con competencias culturales e inclinación a la lectura”.
Describe que “La propuesta editorial de Fontevecchia presentaba un tamaño tabloide, cien páginas promedio y una tapa caracterizada por un título principal que se ilustraba con una foto apaisada, para luego dar lugar a la presentación de un sumario con los contenidos del cuerpo principal y los suplementos de Deportes y Espectáculos. La ruptura con respecto a la organización temática que presentaban otros diarios de la época pasaba por la prioridad asignada en sus primeras páginas a la sección Ideas, donde se mezclaban desde artículos de opinión de ensayistas, intelectuales y periodistas reconocidos hasta las cartas de los lectores y el Obituario (detalladas notas necrológicas sobre personas de importancia en los ámbitos cultural, científico, periodístico y empresario que habían fallecido durante la semana)”. |
| La importancia de “ser el primero” |
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Asegura que “Si con algo pretendió identificarse el diario Perfil
fue con la bandera de la ética profesional. Desde su primera contratapa,
firmada por Fontevecchia, donde daba cuenta de los propósitos y
aspiraciones de ‘un diario en el siglo XXI’, se hizo un hincapié
especial en diferenciarse de la prensa argentina de la época, la
cual – según Perfil - ha aceptado la carencia de libertad como norma
y cuyos periodistas se ‘han formado con un pensamiento acrítico’”.
Explica que “Como ejemplos concretos de la ruptura con los modelos
periodísticos cuestionados, Perfil se erigió como ‘el primer diario
del país que tiene un ombudsman y un Código de Ética que firmaron
todos los integrantes de la redacción y los accionistas, y que obliga
a publicar sin censura toda información relevante, que haya sido
debidamente confirmada y tenga interés periodístico’”.
Añade que “La publicación de ‘toda la verdad’ fue pregonada entonces
como el principal distintivo del diario y esa ‘honestidad’ apareció
conceptuada como una ‘obligación’ del periodismo y no sólo como
un atributo de un medio en particular”.
Indica que “El Código de Ética de Perfil, que formaba parte del
Manual de Estilo del medio fue publicado en el segundo número del
diario para el conocimiento de los lectores, a quienes se les proponía
familiarizarse con los principios que deberían regir la actividad
periodística del diario y así poder exigir su cumplimiento si en
algún momento éstos eran ignorados o violados”.
Puntualiza que “El Código establecía, entre otras cosas, la consideración
del periodismo como ‘función pública que excede las metas económicas
de cualquier empresa’, la publicación ‘de la verdad sin analizar
ventajas o desventajas, públicas o privadas’ y la promesa de ‘actuar
con integridad, buena fe y neutralidad en la búsqueda de informaciones’.
A los periodistas se les reconocían derechos como los de reclamar
a sus superiores la publicación de informaciones que hayan sido
debidamente verificadas; el alegato a la cláusula de conciencia
si se sentían vulnerados en sus convicciones, independencia u honor
profesional y la negativa a firmar una nota cuando ésta haya sido
alterada sustancialmente. A la vez, la redacción se comprometía
a no compartir la profesión periodística con ninguna otra – salvo
la docencia - a no aceptar regalos o invitaciones cuyo valor supere
los cincuenta pesos y a no abusar de su condición de periodistas
para obtener tratamiento preferencial, libre acceso o descuentos”.
Aclara que “para velar por el cumplimiento de esta reglamentación
que, según Fontevecchia podía resultar ‘utópica’ para muchos, se
presentó como necesaria la presencia de un profesional con larga
experiencia en los medios que tuviera la responsabilidad de ‘criticar
públicamente al diario y de responder los reclamos que le formulen
los lectores, las distintas fuentes y los protagonistas de la información’.
Se implementaba con estos fundamentos, ‘por primera vez en el periodismo
diario argentino’, la figura del Ombudsman.”.
Recuerda que “El periodista Abel González fue el elegido por la
empresa para tal función, y siguiendo los parámetros internacionales
que rigen la actividad de los defensores se estableció que su contrato
duraría un año y sería renovable, a la vez que se advertía que no
podría ‘ser relevado de su cargo como consecuencia de sus críticas’”
Luego precisa que “Con este marco quedaban establecidos en el
diario Perfil dos espacios de y para los lectores: por un lado la
típica sección ‘Correo’, que se publicaba todos los días en la página
2 (destinado a las opiniones, críticas, ideas y propuestas de los
lectores) y por el otro la columna de González, que aparecía los
sábados y domingos siempre en la página 4 –dentro de la sección
Ideas-.”
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| Quién es Abel González |
| El trabajo de Pauwels no incluye quien es Abel González, sencillamente porque no lo pudo ubicar. González hasta aquí fue el último Defensor del Lector de un diario porteño. El DsD pudo reconstruir la historia de González antes de arribar en 1998 a Perfil. Comenzó como periodista de “gremiales” en Noticias Gráficas. Luego fue secretario de redacción de la revista Femirana de editorial Codex; jefe de redacción y editor de la revista Siete Días; jefe de información general y director de “Clarín revista”. Más adelante se desempeñó como jefe de redacción y subdirector de revista La Semana de Editorial Perfil. Tiempo después ocupó la prosecretaría general de La Razón y subdirector de la revista Conozca Más de Editorial Atlántida. Fue entonces cuando integró una terna, de la cual fue elegido por Fontevecchia para el puesto de Defensor del Lector. Tras el cierre del matutino, González fue colaborador de las revistas 3 Puntos y TXT, con aportes sobre periodismo gastronómico. Tiene 73 años, es escritor (su último libro de editorial Vergara, “Elogio de la berenjena” incursiona en la literatura gastronómica con anécdotas sobre personalidades famosas como el Che Guevara entre otros) y edita una revista “Tintos y blancos” junto a la periodista Cristina Ricci, ex editora de la revista Noticias. |
| El Ombudsman: entre anécdotas, críticas y errores |
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Pauwels señala en su trabajo que “Que las normas del Código de
Ética de Perfil no fueran una ‘simple enumeración retórica’ fue
planteado por el Ombudsman González -en el primer artículo que publicó
el 9 de mayo de 1998- como el pilar fundamental de su gestión, y
en el respeto y defensa de esos principios no sólo pretendió comprometerse
él, sino que involucraba a ‘las fuentes, los generadores de noticias
y especialmente a los lectores’.
“Si se analizan las columnas de González todas parecen presentar
la misma estructura: una anécdota o hecho histórico era vinculado
con una carta del lector y a partir de allí se disparaba la reflexión,
se daba la voz a la réplica o la aceptación del error por parte
de la redacción y finalmente el Ombudsman –en la mayoría de los
casos- tomaba partido por una u otra de las partes en conflicto”
agrega.
Señala que “En cada columna se hacía referencia a dos o tres mensajes
de los lectores, los cuales eran identificados con nombre, apellido,
profesión y lugar de residencia. En cuanto a la temática, se optaba
por agrupar reclamos o sugerencias similares como para dotar de
coherencia a la reflexión. A nivel visual el espacio del Defensor
se presentaba siempre ilustrado en su interior con una foto del
personaje o hecho noticioso aludido”
. “En tanto – sigue diciendo - los canales de comunicación ofrecidos
por el diario para contactarse con el Ombudsman eran resumidos al
final de la columna: dirección de correo electrónico, teléfono y
fax, y la mención del día de la semana y la hora en la cual González
atendía personalmente la línea”.
Más adelante explica que “Dado este marco sobre la estructura
y organización de la columna, es momento de preguntarse: ¿qué es
lo que reclaman los lectores a su diario cuando se les ofrece un
espacio específico de defensa de sus derechos? y ¿cómo reaccionan
el Ombudsman, el medio y sus profesionales ante la marcación de
los errores? Finalmente, nos proponemos pensar si el derecho al
disenso y la posibilidad de crítica interna y externa que presentó
Perfil no fue una causa más – que sumada a la escasez de ventas
de ejemplares - llevó al cierre de este medio y con él al fin de
la primera experiencia en el periodismo diario argentino de la figura
del Ombudsman.”
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| Un "diluvio" de cartas |
| Destaca que "La posibilidad abierta por Perfil
a través de la creación de la figura del Ombudsman fue
aprovechada de inmediato por los lectores. Luego de la primera semana
de vida del diario González reconoció en su columna
haber recibido 'un diluvio' de críticas y observaciones que
cayeron 'sobre las espaldas de jefes y redactores' a tal punto que
'ni el director, Jorge Fontevecchia, se salvó del aguacero'".
Evalúa que "Si se aplican las categorías de
clasificación de las cartas de los lectores establecidas
por la investigadora venezolana Sánchez Piña, observamos
que lo que primó como queja de los lectores de Perfil fueron
los 'datos erróneos en la información publicada':
películas recomendadas en el suplemento de Espectáculos
que ya no se daban en ningún cine, carteleras del Teatro
Colón desactualizadas, incoherencia entre los textos y las
fotos (por ejemplo, una nota sobre el científico argentino
Luis Leloir ilustrada con la imagen de César Milstein, otro
de los galardonados con el Premio Nobel), títulos sin sustento
informativo (resaltar la posición sobre el uso del plutonio
por parte de la organización ecologista Greenpeace en el
título y en el texto de la nota nunca citar las declaraciones
de sus voceros), por mencionar sólo algunos de los cuestionamientos
recibidos por el Ombudsman. Hasta el propio Fontevecchia recibió
un llamado de atención porque en el Manual de estilo del
diario citó mal versos de Pablo Neruda".
"¿Qué explicaciones dio González sobre
estos errores?" se pregunta Pauwels.
Responde: "En algunos de los casos delegó la justificación
en los editores (los cuales hablaron de problemas 'técnicos'
fácilmente solucionables), en otros se remitió al
manual de estilo. En fin, en todos terminó dando la razón
al lector. A menos de un mes de la salida del diario el Ombudsman
reconoció que la 'prédica' del manual del estilo era
'inobjetable' (por ejemplo, cuando sostenía que textos y
fotos deben formar una unidad narrativa definida), pero que sus
propósitos sólo eran cumplidos por periodistas y editores
"a medias".
Agrega que "Una situación similar se reflejó
en la columna de González a raíz de los llamados de
atención por parte de los lectores sobre 'los errores de
ortografía y el mal uso del idioma' en los que incurrían
algunos textos de Perfil: 'haz' por 'has', 'parentezco' por 'parentesco',
'oprovio' por 'oprobio', 'ensombresido' por 'ensombrecido'; barbarismos
como 'colapsar', 'vehiculizar', 'vacacionar'; reiteración
de una misma palabra en un párrafo; acentos que aparecen
y desaparecen. Ante la evidencia, el Ombudsman sólo atinó
a reconocer que 'decenas de lectores no le perdonan a Perfil la
proliferación de errores tipográficos y de corrección'
para finalmente terminar echándole la culpa de estas violaciones
a las reglas idiomáticas y gramaticales al 'apremio con el
que se escribe'".
Incluye que "La 'no consulta de todas las fuentes' y 'el
criterio editorial aplicado para seleccionar qué es noticia'
también fueron motivo de reclamo por parte de los lectores,
sobre todo de aquellos que por una razón u otra se sintieron
afectados por la información. Por ejemplo, el diario publicó
una nota sobre los proyectos legislativos para prohibir los juguetes
elaborados con PVC, los cuales eran catalogados de tóxicos.
El artículo dio la voz a los diputados que impulsaban la
medida pero no a los fabricantes y vendedores de estos artículos,
los cuales escribieron al Ombudsman quejándose por 'las inexactitudes
y datos falsos' vertidos en el diario. Tras la consulta con el editor
de la sección Sociedad, González debió admitir
que Perfil no fue fiel a su manual de estilo ya que debieron haberse
volcado en la nota los argumentos y opiniones de todas las partes
involucradas".
Apunta que "algunos lectores discreparon con el medio sobre
el tratamiento concedido a determinadas noticias y personajes: los
vecinos de Palermo se quejaron por 'el espacio desmesurado dado
al tema de travestis y prostitutas', otros expresaron 'su estupor
e indignación' porque Perfil publicó en el Correo
la carta de un ex carapintada condenado por la justicia. Para este
tipo de casos el Ombudsman no tuvo una posición uniforme:
defendió al medio en el abordaje del tema de la prostitución,
porque consideró que era 'de interés' y que había
sido 'tratado con mesura, sin transgredir los límites del
buen gusto'; pero discrepó con el editor en lo referido al
militar a quienes los lectores acusaban de apología del delito,
ya que puntualizó que Perfil no estaba 'obligado por ningún
código de ética a concederle espacio' a una persona
que al estar en prisión tenía 'muchos de sus derechos
civiles entre paréntesis'".
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| La "publicidad encubierta" |
| Destaca que "'González también
debió analizar acusaciones contra Perfil de 'publicidad encubierta'
y de 'no separar lo periodístico de lo publicitario'"
advierte Pauwels. Explica que "los lectores, a quienes el propio
medio les había dado a conocer su manual de estilo, usaron
este instrumento como fuente para reprocharle al diario postulados
éticos que no llevaba a la práctica. Algunos consideraron
que la publicación en el diario de una reseña de la
revista Noticias (de la misma editorial) se contradecía 'con
el estilo periodístico que Perfil pregonaba'; a otros les molestó
que en el suplemento de Espectáculos se presentara la crítica
de una película a la vez que se publicaba un aviso en el cual
el diario invitaba a la avant première del film. En estos casos
el Ombudsman también hizo diferencias: negó que el medio
hiciera 'autobombo' con la referencia a los contenidos de Noticias,
ya que consideró que 'una razón especial' (la denuncia
pública de coacciones recibidas por el director de la revista
de parte de un juez) justificaba su inclusión; en tanto dio
la razón al lector que dudaba sobre la objetividad en la crítica
de un film que el propio medio auspiciaba". |
| La crítica de Diego Goldberg, de Clarín |
| Indica que "Las críticas que reflejó
la columna del Ombudsman no sólo provinieron de lectores cuyas
profesiones eran ajenas a la actividad periodística, sino que
'los colegas' de Perfil también aprovecharon este espacio para
marcarle al naciente medio sus errores. El ejemplo más representativo
fue la misiva del editor fotográfico del diario Clarín,
Diego Goldberg, quien a título personal envió 'una larga
carta donde emitía algunos juicios muy duros', acusando a la
publicación de Fontevecchia de 'manipulación del material
fotográfico':
'...el diario Perfil -escribió- que aparece en el ruedo
de los medios con ínfulas de cruzado medieval, usando la
ética como estandarte y la credibilidad como apostolado ya
ha comenzado a traicionar sus propios principios rectores'".
Recuerda que "Goldberg cuestionaba que en el interior del
diario se hubiera invertido una imagen - que ya aparecía
en la tapa - 'para que el lector creyera que estaba viendo otra
foto del mismo evento'. También puntualizaba que se había
añadido trozos de imagen a una foto originalmente cuadrada
para que diera el formato apaisado característico de la portada
de Perfil. Para responder a estas críticas el Ombudsman dio
la voz al director de fotografía del diario, quien se justificó
diciendo que la inversión de la foto había sido 'un
error del editor' y que el agregado de material a otra de las imágenes
para que 'diera la medida' no había sido manipulación
porque no se había afectado el 'contenido documental de la
misma'. A la hora de cerrar la columna, González optó
por la defensa de Perfil y le enumeró a Goldberg casos graves
de manipulación de imágenes aparecidas, por ejemplo,
en medios españoles, pidiéndole así a su colega
que buscara otros ejemplos verdaderamente 'extremos para abonar
su tesis sobre el valor documental de la fotografía'."
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| Las críticas internas y la desorientación
de los lectores |
| Un porcentaje importante de las columnas del Ombudsman
dieron cuenta de críticas al medio no hechas por sus lectores
sino por sus propios periodistas y colaboradores, lo cual hizo público
por un lado, la pluralidad y 'libertad de pluma', pero por el otro
una falta de coherencia en la política editorial que provocó
que muchos lectores dijeran 'sentirse a la deriva' razona Pauwels.
"El primero en acusar de 'doble discurso' al propio medio
para el cual trabajaba fue el periodista Luis Majul. Su queja -
que fue reflejada en un artículo publicado por Perfil - cuestionaba
la campaña publicitaria del diario. En ésta Perfil
afirmaba que con su aparición en el mercado editorial por
fin la verdad sería dicha. 'Donde dice..... debió
decir...', fue el pie utilizado para cuestionar la forma en la cual
los otros medios habían dado cuenta de personajes y hechos
históricos. Por ejemplo, cuando la prensa habló de
'la mano de Dios' para calificar el gol de Maradona en un Mundial,
según Perfil debió haber dicho con todas las letras
que se trataba de 'tiro libre para Inglaterra'; cuando algunos medios
se referían a Fidel Castro como el presidente cubano, para
la publicación de Fontevecchia debió calificárselo
como 'el último de los dictadores latinoamericanos'. En este
sentido la campaña también incluyó una referencia
a la guerra de Malvinas y a la corriente triunfalista a la que habían
adherido la mayoría de los diarios de la época. Esta
última mención fue la que molestó a Majul,
quien en su artículo le recordaba a la editorial Perfil que
una de sus revistas, 'Semanario', también apoyó la
guerra, por lo cual consideraba que este nuevo diario no podía
'forjar su credibilidad' si 'obviaba la autocrítica'"
señala.
Explica que "El cuestionamiento de Majul fue apoyado por algunos
lectores, quienes añadieron que las afirmaciones vertidas
en la campaña violaban el código de ética porque
no estaban fundamentadas y entonces el Ombudsman debió intervenir.
'La voluntad de decir siempre la verdad es un propósito que
va más allá de las ocasionales citas del pasado. Funciona
como un ejercicio crítico del que nadie ni nada está
ausente', escribió González en la columna del domingo
17 de mayo. El Ombudsman optaba por una respuesta genérica
que no profundizaba en los casos cuestionados. Dejaba así
al lector con la sensación de un defensor que se quedaba
a mitad de camino en su función, tal vez todavía dándole
crédito al medio, con la confianza de que el tiempo puliría
sus errores y le permitiría aspirar así al ideal de
ética que proclamaba".
Añade que "Otra de las críticas frecuentes que
los periodistas y colaboradores de Perfil le hicieron llegar a González
fue originada en la no publicación de artículos acordados
con los editores o por la supresión de líneas o párrafos
que hacían que los textos carecieran de coherencia. Por ejemplo,
por no haber sido avisado a tiempo de las modificaciones a sus artículos,
Carlos Escudé le notificó al Ombudsman que renunciaba
a seguir colaborando y el director de investigaciones de la agencia
Young & Rubicam -convocado especialmente por el suplemento de
Economía- calificó de una 'irrespetuosidad' la mutilación
del encabezamiento de su artículo lo cual impidió
que se entendiera el sentido. González apeló a las
explicaciones de los editores, pero para ambos casos el dictamen
fue diferente: al representante de la agencia de publicidad se le
dio la razón ya que se reconoció 'haber transgredido
un procedimiento habitual en la sección' - el de la consulta
al autor de un artículo antes de que éste sea modificado
-. Para Escudé no hubo tales contemplaciones, el propio Ombudsman
se encargó de recordarle al colaborador que eran 'las reglas
del juego', 'algo habitual en el periodismo que se le pidiera a
alguien una colaboración urgente y que luego no se publique'".
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| Escuchas ilegales: ¿a quién le creen
los lectores? |
| Puntualiza "A fines de mayo de 1998 Perfil
publicó en sus páginas escuchas ilegales grabadas en
la casa del jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires y candidato
a la presidencia por la UCR, Fernando de la Rúa. En ellas se
daba cuenta de un supuesto tráfico de influencias por parte
de los hijos del funcionario, para lograr aprobar las materias de
la carrera de Derecho en la Universidad de Buenos Aires".
Razona que "Como es de suponerse, el Ombudsman no pudo permanecer
ajeno a las consecuencias de este hecho ya que 'algunos criticaron
la difusión de esa grabación y otros compartieron
la actitud del diario de revelar hechos que pueden configurar un
delito'".
Afirma que "Si consideramos que Perfil nació enarbolando
la bandera de la ética, con la publicación de una
cinta grabada en forma ilegal por una fuente identificada como 'Stock',
muchos se convencieron de ver al diario traicionando los ideales
que tanto decía defender".
Asegura que "González optó por la defensa del
medio y para justificar su posición y la del diario recurrió
a la opinión de otro ombudsman con mayor experiencia, el
del diario español El País. Éste habló
generalidades sobre cómo construir una prensa confiable para
luego recordar que 'los ciudadanos son titulares, por imperativo
constitucional, del derecho a la información'. Tras la cita
de una voz autorizada, el Ombudsman argentino se encargó
de remarcar que Perfil había tenido una 'actitud impecable'
ante el hecho ya que 'se había ajustado a las normas profesionales
que marca el manual de estilo', o sea que había confirmado
la verosimilitud de la información contenida en la cinta
y que además de publicarla la había entregado a la
justicia para su investigación".
Advierte que "Las disidencias internas de Perfil no tardaron
en salir a la luz. Uno de sus periodistas, Pepe Eliaschev, publicó
el 8 de junio un artículo en la sección Ideas del
diario donde criticaba 'severamente' al medio y comparaba - según
González - la revelación del contenido de escuchas
ilegales con la difusión de testimonios obtenidos bajo tortura".
"El desconcierto y confusión de los lectores se tradujo
en cartas y correos electrónicos de queja: ¿a quién
debían creerle?, ¿al medio que decía que su
actitud era correcta o su periodista que sostenía que 'se
trataba de una inmoralidad?" se pregunta Pauwels.
Recuerda que "Los lectores le dijeron al Ombudsman que fueron
ofendidos en su 'sensibilidad', que quedaron 'a la deriva' ante
tal cruce contradictorio de posiciones, que el diario 'borraba con
el codo lo que escribía con la mano', que finalmente el medio
pecaba 'de doble discurso'".
Explica que "A González le costó remontar tales
acusaciones y al tratar de defender al diario terminó por
mostrar más las grietas internas: alegó que la opinión
de Eliaschev era 'difícil de compartir', que éste
periodista no creía 'en los rigurosos principios profesionales
que profesaba el diario', pero que eso 'no lo inhabilitaba para
escribir en Perfil, donde la libertad de pluma de los colaboradores
es absoluta' y así lo demostraba este episodio".
"El conflicto con Eliaschev dejaba, por un lado, un mensaje
de pluralismo: un medio que demostraba estar abierto a la discusión
interna; pero por el otro una sensación en los lectores de
desamparo, 'un mar sin orillas', según el periodista Luis
Pazos" menciona Pauwels.
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| Conclusión |
| El 31 de julio de 1998 después de casi tres
meses de edición en papel Perfil dejó de publicarse.
Su director, Jorge Fontevecchia, hizo el anuncio en la contratapa
del N° 84, donde explicaba que no se había alcanzado el
objetivo de vender 50 mil ejemplares diarios. Según precisó
el diario Clarín, el dueño de Perfil había perdido
en 84 días de vida del medio 15 millones de pesos, con una
inversión de 25 millones en maquinaria y equipamientos"
indica.
Señala que "La noticia fue dada a conocer de manera
inesperada y los 256 empleados estables de Perfil se enteraron del
cierre, junto con los lectores, cuando leyeron el diario. La empresa,
que había fundado un medio que se erigía como el paladín
de la ética, violaba las mínimas normas de respeto
profesional y laboral procediendo de esta forma con el personal".
"En el artículo que marcó la muerte de Perfil,
Fontevecchia, enumeró una 'lista de equivocaciones' que llevaron
a que el diario no cautivara a la cantidad suficiente de lectores:
'excesiva cantidad de texto, poca emotividad, racionalismo, exagerado
pluralismo y distancia'. En tanto, proclamaba haber cumplido objetivos
de calidad y creatividad, el aporte de un código de ética
y la implementación de la figura del defensor del lector
que le habían dado al periodismo de diarios de Argentina
'una mirada distinta'" menciona.
"Con la desaparición de Perfil dejaba de existir el
único diario que había aceptado publicar y contestar
las quejas de los lectores y periodistas a través de un Ombudsman.
Pero, ¿qué balance dejaba esta experiencia?, ¿por
qué editores de otros medios como Ricardo Kirschbaum, de
Clarín, expresaron en algún momento sus dudas sobre
la "efectividad" del defensor del lector?, ¿tal
vez por miedo a que la crítica pública termine afectando
la credibilidad?" se pregunta Pauwels.
"A través de este recorrido pudimos ver como la apuesta
de Perfil a través de Abel González demostró
que existen lectores críticos y ávidos de participar
en discusiones sobre la ética periodística y los procedimientos
editoriales. A la vez, que podría cuestionarse si el Ombudsman
alcanzó la suficiente imparcialidad para cumplir plenamente
con sus responsabilidades con el lector, sobre todo en los casos
de las escuchas ilegales, los cuestionamientos a la campaña
publicitaria y las críticas de Majul y Eliaschev" afirma.
"La difusión del Código de Ética que
hizo Perfil entre sus lectores y periodistas, funcionó como
un 'arma de doble filo', por un lado sirvió para convencerlos
sobre la transparencia que proclamaba el medio, pero por el otro
fue el principal sostén que usaron sus destinatarios y trabajadores
para demostrarle al diario que no siempre había sido fiel
al camino que se había trazado" apunta.
Añade que "La exposición pública de los
errores, desde las faltas de ortografía y los datos erróneos
en la información publicada, hasta cuestionamientos más
graves que hacían a la coherencia de la política editorial
del medio, fueron desgastando la credibilidad en el naciente diario.
Tal vez, los lectores argentinos más acostumbrados a que
los medios critiquen a otros poderes e instituciones pero que no
hagan una revisión de su propio accionar, sintieron que en
Perfil los desaciertos superaban a los logros, tal vez no porque
fueran mayores a los que se cometen en los otros medios, sino porque
en este caso había un espacio establecido donde verlos plasmados
todos juntos".
"En tanto, a la prensa argentina, como institución,
como poder, parece no haberle gustado que se le recuerden algunas
de las actitudes adoptadas en el pasado frente a hechos políticos,
económicos y sociales vividos por el país y esto no
sólo vale para los otros diarios, sino también para
Perfil como editorial" sostiene.
Concluye Pauwels diciendo que "la experiencia del Ombudsman
en Perfil, nos permite plantear que los lectores necesitan quién
los defienda, pero para que esta figura de autorregulación
pueda ser desarrollada con todas sus potencialidades tal vez falte
madurez en la prensa y comprensión de los lectores, para
'aceptar la crítica'- cómo dijo Abel González
en una de sus columnas - 'no sólo como un acto de humildad
sino como una actitud insoslayable para alcanzar un grado más
alto de excelencia periodística'".
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| DsD 13 - 1 - 2005 |
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