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Edición Especial - Viernes 11 de agosto 6:00 hs

GENERAL

28/03/2006

Fuertes despliegues y producciones periodísticas por el 24 de marzo

Pasaron 30 años del golpe militar y aún no hay autocrítica del periodismo

Si fuera cierto que para los empresarios periodísticos de nuestro país la autocrítica es sólo una herramienta de marketing, entonces los lectores deberán reclamar más marketing. El balance nunca llega. Pasó el aniversario del 24 de marzo: otra vez será. El pedido del Presidente cayó en saco roto. Críticas en Internet.

El aniversario de los 30 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 generó un enorme y valioso despliegue de producciones periodísticas que abarcó a todos los medios de comunicación de la Argentina.
Por ejemplo, los principales canales de TV realizaron producciones especiales, unitarias y seriadas. Los enfoques fueron diversos: testimonios nunca explicitados frente a las cámaras (como hicieron Canal 7 y Canal 9); imágenes de 1976 o actuales nunca proyectadas (como las que difundió Canal 13); interpretaciones sobre las consecuencias originadas por el miedo impuesto por los dictadores para generar consenso en el gobierno de facto (como analizó Telefé) o el recuerdo de la propaganda militar (América TV). Miradas inéditas. Aportes valiosos.

Los diarios y revistas de nuestro país no se quedaron atrás. Hicieron fuertes despliegues con suplementos, investigaciones, opiniones, recuerdos, notas “color” o nuevos datos e informaciones inéditas sobre esos años. Hubo artículos valiosos y producciones que más de un lector debe haber guardado como recuerdo inapelable para las nuevas generaciones: hijos y nietos que nunca supieron del terror porque sencillamente no habían nacido.
Otra oportunidad perdida
El DsD al cumplir un año en la web, tituló su edición del 16 de diciembre de 2002, con “20 años de democracia sin autocrítica del periodismo”. Allí consignó que

“Desde hace dos décadas la Argentina vive la continuidad institucional. Con importantes avances y graves retrocesos. La alternancia de regímenes dictatoriales y gobiernos civiles títeres o frustrados que signó al país desde 1955 a 1983, quedó atrás… hace 20 años. En dos décadas, varios sectores de la sociedad civil han formulado sus autocríticas. Contundente o parcial; verbalizada o práctica; con pobre o rico aprendizaje. La autocrítica alcanzó a las Fuerzas Armadas y a la Iglesia Católica, a cierta dirigencia política y sindical, a los jefes montoneros sobrevivientes y a ex dirigentes de otros grupos guerrilleros; también a sectores empresarios y a funcionarios fracasados de administraciones constitucionales, entre los principales actores. Muchos de ellos, fueron compelidos por los propios medios de comunicación que exigieron la ‘rendición de cuentas’ que reclamaba la opinión pública”.

Agregó que

“Sin embargo, en estas dos décadas, a los principales empresarios periodísticos de nuestro país no se les ocurrió ejercer su propia autocrítica. Han guardado un silencio vergonzoso sobre el papel que tuvieron durante los regímenes militares. Ya en democracia, transcurridos 20 años, mantienen la misma conducta. Crecieron y formaron “holdings” mientras la enorme mayoría de los argentinos retrocedieron en sus niveles de vida. Sin embargo, todo parece indicar, que no tienen nada que explicarles a sus lectores, oyentes o televidentes”.

Cada tanto, apenas un debate
Cuando el periodismo escribe sobre su propia autocrítica, lo ha hecho siempre desde su práctica periodística. Por ejemplo, en la misma edición de DsD del 16 de diciembre de 2002, se consignó que:

“El 19 de septiembre de 2002, La Nación publicó el editorial ‘La autocrítica del periodismo’, a raíz de una encuesta de la consultora Nueva Mayoría que advirtió la caída, por entonces, de la credibilidad de la prensa. En el 2000 la ponderación positiva fue del 49%. En el 2002, cayó al 27%”.

Añadió que:

“La Nación explicó que ‘el principal instrumento que los periodistas tenemos a nuestro alcance’ es ‘la autocrítica’. Entre los vicios, mencionó ‘la proliferación de campañas interesadas de prensa, la degradación del lenguaje, la propensión a rodear cada información de connotaciones escandalosas -aún al precio de desvirtuar o traicionar la desnuda verdad de los hechos sobre los cuales se está informando-, el esfuerzo por alterar determinadas noticias para satisfacer los presuntos gustos del público; el sobredimensionamiento intencional de unas informaciones, o la minimización deliberada de otras; el mal cumplimiento del principio que obliga a respetar la pluralidad de las fuentes: la invasión no justificada de la intimidad’”. Agregó que "La Nación no se excluye del deber de realizar su propia autocrítica y de examinarse a sí misma para verificar en qué medida se ha apartado o no, en cada caso, de los principios que hace tiempo eligió como pautas o referentes de su misión informativa y editorial".

Ese valioso reconocimiento del diario de La Nación – del 19 de septiembre de 2002 – de “realizar su propia autocrítica y de examinarse a sí misma” nunca llegó. Pero tiene el mérito de haber sido el único matutino que al menos lo reconoció públicamente.

También hay periodistas que en diversas coyunturas reconocieron la necesidad de practicar la autocrítica como lo hicieron Osvaldo Pepe (Clarín); Carlos Ulanovsky, Jorge Lanata, Sylvina Walger, Román Lejtman, Guillermo Alfieri (Veintitrés) y Jorge Fernández Díaz. También coincidieron en la necesidad de “impulsar un debate sobre los medios” Joaquín Morales Solá y Néstor Scibona con artículos publicados en La Nación. En ese mismo sentido, DsD consignó la autocrítica del Club Gente de Prensa.

Pero ese es otro tema: si no tenemos periodistas que hagan sus propias autocríticas - al menos sobre aspectos profesionales - tal vez sea porque las empresas periodísticas nunca lo han hecho en términos históricos.
2006: Por primera vez un Presidente de la Nación hace la sugerencia
El 23 de marzo último, el Presidente de la Nación, Néstor Kirchner dijo en un acto oficial:

“Pero si ustedes me permiten, en épocas en donde muchos sectores hacen la autocrítica – y está bien que la hagan- de lo que nos pasó en aquel momento, yo sé que voy a decir algo que seguramente me van a dedicar centímetros y centímetros de prensa criticándome, no importa: me gustaría que en algún próximo 24 de marzo o antes, los medios de prensa argentinos también hagan autocrítica. En algún medio, hasta hace muy poco tiempo, ni siquiera sacaban las solicitadas de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo”.

Los dichos del Kirchner se produjeron en un acto en el que, además, le devolvió el grado militar al coronel Jaime Cesio.

Al día siguiente, el viernes 24 de marzo, sólo el diario Ambito Financiero, recogió el guante del reto presidencial y publicó una columna en su portada titulada “Autocrítica”. Allí señaló que:

“Ya vigente Ambito Financiero y en 5 años de dictadura ninguna recopilación sobre la prensa ignominiosa de esos años incluyó, simplemente porque no hubo, un solo recorte de alabanza o fotos con prominentes jerarcas del régimen militar y sí -reconocemos que tímidas- referencias a cartas manuscritas sobre desaparecidos de quienes luego serían las Madres de Plaza de Mayo. Nada de esto y sí vergüenzas puede exhibir un diario matutino a quien el presidente Néstor Kirchner hace un mes llamó tres veces ‘prestigioso’ en un discurso y que, si tiene que hacer autocrítica, tendría que dedicarse no menos de 100 páginas de mea culpa”.

Su propietario Julio Ramos no podía dejar la oportunidad de criticar a su “enemigo”, Clarín.

Los lectores de Clarín no se enteraron que Kirchner pidió la autocrítica de la prensa. En la crónica de la reparación a Jaime Cesio – que no llevó firma - el párrafo del pedido presidencial a los medios fue omitido

En cambio, los lectores de La Nación se anoticiaron del pedido de autocrítica de Kirchner, aunque el diario no publicó las palabras textuales del Presidente. En la crónica del acto en la Casa Rosada, un párrafo señaló: “En el discurso que preparó para esa ocasión (Kirchner) pidió que los medios de comunicación hagan una autocrítica sobre cómo cubrieron el proceso”.

Por el contrario, Página/12 destacó en un recuadro dentro de la crónica del acto, las palabras de Kirchner. Además, publicó una columna de su director periodístico, Ernesto Tiffenberg, quien señaló: “Las radios más populares casi no hablan de otra cosa; los cinco canales de aire se sumaron a la carrera con ambiciosas producciones y los diarios, incluidos aquellos, casi todos, que acompañaron la dictadura y protegieron por décadas a sus beneficiarios y ejecutores, hacen suplementos especiales protagonizados por las víctimas”.

Editoriales que nada dicen

Ese mismo 24 de marzo, Clarín y La Nación publicaron sendos editoriales para referirse al golpe de 1976. Pero no hubo ni una línea de autocrítica sobre el rol que desempeñaron.

Clarín tituló “Los 30 años del último golpe de Estado”. Allí, entre otras cosas señaló que “tres décadas más tarde, es un rasgo destacable que las máximas jerarquías de las Fuerzas Armadas hayan hecho una aguda autocrítica sin atenuantes respecto de esa actuación y condenaran explícitamente las violaciones a los derechos humanos. Este firme compromiso institucional ratifica la reinserción de las Fuerzas Armadas en su relación con la sociedad civil y las instituciones republicanas”.

En otro párrafo destacó: “Otro elemento de maduración destacable es, como ha sucedido ya en anteriores balances, el reconocimiento de que sectores significativos de la población dieron en su momento su aquiescencia hacia la instauración de la dictadura e, incluso, hacia sus procedimientos. Se trata de un sinceramiento indispensable para realizar un balance equilibrado de los hechos y, fundamentalmente, para comprender la dinámica política argentina desde su organización nacional: las intervenciones militares fueron sistemáticamente apoyadas y en ocasiones promovidas por civiles descontentos con el poder político de turno”.

El editorial de La Nación se tituló “Recordar con la mirada en el futuro”, y señaló que “una cosa es preservar la memoria histórica de un tiempo o de una época -algo imprescindible para la continuidad espiritual de una nación- y otra cosa muy distinta es aceptar que se mantengan eternamente abiertas las heridas que el odio o la intolerancia de ciertos grupos marginales fueron abriendo, a través de los años, en el cuerpo social. Sabemos de sobra que algunos sectores utilizan en provecho propio la subsistencia del encono y de la desunión de los argentinos” (…) Pero la inmensa mayoría de los argentinos no tiene nada que ver con esas especulaciones perversas y aspira a que el país viva de cara al futuro, y se opone a que los hijos de este suelo continúen siendo rehenes de conflictos o acontecimientos que se registraron hace tres o cuatro décadas. No es razonable que en esta altura del proceso histórico argentino estemos todavía discutiendo si derogamos los indultos otorgados en la década del 90 o -como argumentan algunos- si la derogación debe alcanzar también a las leyes de amnistía que en 1973 dejaron en libertad a muchos terroristas que habían ensangrentado la Nación”.

El recuerdo de Fontevecchia

El dominical Perfil también dedicó un espacio para referirse al golpe. Y su mandamás, Jorge Fontevecchia publicó una valiosa columna – algo extensa - que comenzó en la contratapa y siguió en otras dos páginas. Allí el editor se dedicó a contar detalladamente lo que ocurrió el 24 de marzo de 1983: la dictadura militar (en ese momento estaba al frente Reynaldo Bignone) mediante dos decretos prohibió la “distribución, venta y circulación” de la revista La Semana (editada por Perfil) y dispuso la detención y puesta a disposición del Poder Ejecutivo del editor Jorge Fontevecchia.

La nota abundó en detalles sobre lo que contenía la publicación censurada (una nota sobre el marino Alfredo Astiz) y las acciones que debió tomar el propio Fontevecchia para no ser detenido: refugiarse en la embajada de Venezuela y una semana después exiliarse en ese país. También volvió a recordar que fue por unos meses en 1979 detenido-desaparecido en el centro de detención clandestino llamado “El Olimpo”. En varias ocasiones, Fontevecchia explicó que fue detenido en 1979 por haber publicado, precisamente en La Semana, una entrevista al dirigente radical Ricardo Balbín.

Quienes critican a Fontevecchia advierten que el empresario tiene una tendencia a recordar a la revista “La Semana”, sólo durante los últimos años de la dictadura precisamente luego de la guerra de Malvinas en 1982. Lo critican porque suele olvidar el respaldo que “La Semana” le brindó al gobierno de facto, por ejemplo en 1978.

Andrés Cascioli, director de la legendaria revista Humor publicó en 1995 una edición especial de dicho semanario que se tituló “¿Qué hiciste tú en el proceso, papá?”.

Allí dedicó un capítulo al rol del periodismo titulado “Del elogio a la hipocresía”. En la bajada lo presentó diciendo que “algunos medios y periodistas que, sin arrepentimientos ni autocríticas creíbles, primero apoyaron el golpe de 1976 y ridiculizaron la cuestión de los derechos humanos, y luego hablaron – lo están haciendo hoy mismo -, de ‘crímenes’ y ‘terrorismo de Estado’”.

Allí Cascioli publicó varios ejemplos, la mayoría vinculados a publicaciones de Editorial Atlántida, aunque también incluyó a la revista Extra (dirigida por Bernardo Neustadt) a Clarín, La Nación y Editorial Perfil.

En el relevamiento incluyó también a dos ejemplares de “La Semana”, uno de mayo de 1978 y otro de diciembre de 1983.

Sobre el de 1978, Cascioli incluyó un facsímil de “La Semana” en el que se observa un editorial titulado “Carta abierta a un turista europeo”. Allí se lee: “Y, por favor, no nos venga a hablar de campos de concentración, de matanzas clandestinas o de terror nocturno. Todavía nos damos el gusto de salir de noche y volver a casa de madrugada”. Debajo del facsímil se lee: “En una fecha clave para defender al ‘proceso’ – poco antes del Mundial de Fútbol -, también La Semana intentaba refutar notas publicadas en el extranjero: ‘no nos venga a hablar de campos de concentración…’”.

Sobre el ejemplar de 1983, publicó un facsímil de una publicidad de La Semana en donde se ve la tapa de la revista con el título “Los archivos de los campos de concentración”, bajo el slogan publicitario “Como siempre, decimos lo que todos callan”. Y bajo la reproducción, acotó: “Cuando decir ‘lo que todos callan’ ya no implicaba riesgos: el Proceso había terminado. Acompañando esta edición de diciembre de 1983, La Semana emitía avisos por TV recordando que los fotógrafos de esa editorial habían sido ‘los más perseguidos por el gobierno militar’. Pero cinco años antes, ‘por favor, no nos venga a hablar de campos de concentración’”.

En su número 1451, el 16 de octubre de 2004, Noticias (también de editorial Perfil), publicó un editorial titulado “Libertad condicionada”. Allí señaló que

“la mayoría de los medios de comunicación sellaron un pacto no escrito con la última dictadura militar: acordaron un espacio dentro del cual se podía criticar, en una suerte de ‘libertad condicionada’. Se criticaban los baches, las veredas en mal estado y el tendido descuidado de los cables de teléfono, entre otros temas menores. El entonces intendente porteño, Osvaldo Cacciatore, era el receptor privilegiado de esos reclamos y ocupaba su tiempo polemizando frente a todos los micrófonos. El resultado era patético: mientras el Estado secuestraba, torturaba y desaparecía personas, muchos medios miraban para otro lado. Para el lado que el Gobierno quería que se mirara”.

En otro párrafo añadió:

“En los últimos tiempos se recreó una suerte de ‘Gran Cacciatore’. Muchos programas de televisión que en otro momento fueron incansables perseguidores de políticos y actitudes sospechosas, hoy disparan sus críticas para revelar la condición sexual de alguien, denunciar lo ruidoso que son los ferrocarriles o el deterioro inadmisible de las plazas”.

La edición de Veintitrés que siguió a la recién mencionada de Noticias, respondió irónicamente recordando el rol de Editorial Perfil durante la dictadura. Publicó un editorial titulado “Baches”. Allí señaló:

“La cadena de la felicidad informativa es, antes que nada, una responsabilidad de los medios. Después, puede discutirse todo. Incluso este cambalache de Biblia y calefón donde algunos que levantan el dedito ético recordando que en la dictadura sólo se podían criticar los baches de la Capital, tenían en esa misma época, revistas que hablaban…de los baches”.

El aporte de las revistas

Las revistas – especializadas en política y economía - tampoco se quedaron atrás a la hora de recordar el golpe. Y hubo algunas referencias al rol de la prensa.

En Noticias, Darío Gallo entrevistó a Robert Cox, ex director de The Buenos Aires Herald. Allí el periodista norteamericano señaló, entre otras cosas, que “durante el Proceso los periodistas querían informar, pero los dueños no los dejaban. Ojo, no sólo hablo de Neustadt y de Escribano como apoyo de los militares, también me parece muy mal que los periodistas se metan en la guerrilla, como hizo Horacio Verbitsky”.

En otro pasaje de la entrevista Cox señaló que “yo escribí una carta a La Nación, porque alguien me atacó, y puse que la Justicia falló en la Argentina durante el Proceso, pero también los diarios fallaron. Y La Nación, obviamente, tachó eso (…) Cuando yo estuve en la Argentina una vez, era el momento en que Morales Solá hablaba de la autocrítica. ¡Pero no estaba hablando de la autocrítica de él! ¡No! Todo el mundo quiere ser autocrítico, pero no de si mismo. Para muchos, Claudio Escribano es un buen periodista en todos los sentidos, y tal vez lo sea. Pero desafortunadamente durante el proceso estuvo totalmente con los militares. Y que yo sepa nunca hizo autocrítica alguna. Creo que Mariano Grondona hizo algo, más o menos…para mí era trágico volver a la Argentina y ver a las mismas personas que apoyaron a los militares…”.

En la revista Veintitrés (número 402), Carlos Ulanovsky se refirió al accionar de los medios durante la dictadura. Afirmó que desde el momento en que se dio el golpe “entraron en una frecuencia ideológica única”. Recordó que tanto editores como directores debieron “desfilar por una oficina cercana a la Casa Rosada, un centro de censura y control”. Si bien “las verificaciones no se prolongaron más allá de la segunda semana”, sostuvo que sirvió para que todos asimilaran el mensaje y supieran que “les resultaría demasiado arduo contar lo que sucedía”.

Pero Ulanovsky consideró que el “terror” no empezó con la irrupción de Videla y compañía sino antes, después a la muerte de Perón, en julio de 1974 donde fueron clausurados los diarios El Mundo, “en manos del ERP”, Noticias, “financiados por Montoneros” y los semanarios Satiricón y Chaupinela. Luego comparó las posiciones adoptadas por La Razón y el Buenos Aires Herald en los días previos al golpe. Indicó que mientras en el primero sus títulos “parecían dictados por algún Estado Mayor”, Roberto Cox escribía en el diario que dirigía que “en la Argentina el gran perdedor es la democracia”.

Enumeró las revistas y diarios que cerraron tras el golpe (Mayoría, Cuestionario –“que no aceptó que sus originales se revisen”- y Crisis) y las publicaciones que salieron a la luz en plena dictadura (las revistas Humor, Expreso Imaginario, La Semana, Medios & Comunicación y el diario Ámbito Financiero). Señaló que a “los atropellos” algunos “lo pagaron con su cuerpo” (mencionó Jacobo Timerman), otros con “el exilio” (habló de Tomás Eloy Martínez, Mario Muchnik y Mario Diament) y otros “con la vida” (en donde mencionó, entre otros, a Enrique Raab, Edgardo Sajón, Rodolfo Walsh, Julián Delgado, Vicky Walsh, Hernán Ferreirós y Héctor Oesterheld).

Finalmente en el semanario Debate (nro. 159) en una edición especial titulada “30 años”, el ahora funcionario Julio Bárbaro recordó que en 1976 el diario La Razón se había “convertido en vocero del golpe”.
Algo aportó Internet
A la par de los medios gráficos, hubo algunos sitios de Internet y blogs que dedicaron espacios al recuerdo del golpe. Desde allí también su pudieron leer exhortos a la autocrítica de los medios. El DsD toma sólo tres sitios como ejemplo, a sabiendas que no son los únicos que publicaron al respecto.

El más categórico fue el blog “eblog”. Allí, su editor, el periodista Leandro Zanoni publicó un editorial titulado “Fracasamos”, en donde señaló que “hoy, marketineramente, todos los homenajes especiales que publican los mismos medios que no se animan siquiera a intentar una autocrítica, abundan en color negro. Pero durante la dictadura hubo sol, goles, pizzas, taxis, obreros, vacas, diarios, zapatillas, colegios, Obelisco, asados, locomotoras, escritores, autos. La vida siguió y los que podían rajaban a Miami a comprar dos televisores a color y otros se emocionaban con Galtieri cuando dijo que, a los ingleses, les presentaremos batalla. Canal 13 no hablaba de una larga noche como lo hace ahora y Palito Ortega cantaba “la felicidad” y todos coreábamos “ah, ah, ah, ah”. La revista Gente de Vigil, la misma que ahora pone en tapa modelitos en bolas todas las semanas, nos decía ‘Estamos Ganando’”.

En otro párrafo aseguró que “La prensa fue censurada y la que quedó fue, por miedo, ideología o por conveniencia, chupamedias y negociadora del poder. Los dos grandes medios, Clarín y La Nación, fueron además de cómplices, socios del gobierno en el fabuloso negocio de Papel Prensa. De paso, denunciaban campañas anti argentinas en el exterior y muchos periodistas, que hoy la van de progres y se emocionan en cámara, decían que éramos derechos y humanos. Ninguno se animó a leer al aire la carta que dejó Rodolfo Walsh antes de que lo cagaran a tiros. Pero cobraron por actuar en la película La Fiesta de Todos, financiada por el gobierno. Ahora, antes de amagar con cualquier especial sobre el golpe, primero los medios deberían hacer una profunda y sincera autocrítica”.

Otro blog, llamado “Visualmente”, editado por los periodistas Dolores Pujol y Norberto Baruch, también editó un especial sobre el 24 de marzo, en el cual –luego de poner su fondo en negro- habló sobre los medios. Señaló que “todos lo presentían. Muchos lo sabían con certeza. Algunos lo esperaban con ansias. Lo cierto es que el 24 de marzo de 1976 los medios no se animaron a titular lo que realmente había pasado: un grupo de militares había tomado el poder por asalto y guardado la democracia bajo llave”.

Añadió que “Clarín anunciaba que la Argentina tenía un nuevo gobierno. Había que leer la letra chica o fijar la atención en la pequeña foto del helicóptero para obtener algunos datos más de lo que realmente pasaba. La Nación, por su parte, sí llevó a los sujetos de la acción a la portada: las Fuerzas Armadas. Y con ese estilo característico de utilizar los verbos (por suerte, hoy ya abandonado) aclaraba que María Estela Martínez de Perón había sido detenida. Nadie osó usar la palabra ‘golpe’ en sus titulares. Mucho menos aún ‘dictadura’. Las portadas de los días que siguieron al 24 refuerzan la tendencia. Salvo por el detalle de que en las fotos aparecen militares, el lenguaje empleado podría llegar a hacer pensar que se trataba de un nuevo gobierno democrático que llegaba al poder”.

Las notas de “Visualmente” fueron acompañadas por las tapas de los diarios Clarín, La Nación, Crónica y La Opinión, extraídas del libro “Decíamos ayer” de los periodistas Eduardo Blaustein y Martín Zubieta, las más completa revisión editada hasta ahora de lo que los diarios publicaron durante la dictadura.

El blog, además tocó el tema de la adquisición por parte de Clarín, La Nación y La Razón de la empresa Papel Prensa S.A. en 1977. Esto escribió:

“A Julio Ramos la espina se le quedó clavada. Y, aun hoy, no pierde oportunidad de quejarse. Según algunos malpensados, porque se quedó afuera del negocio. Según él, por la injusta razón de que una industria clave (la primera planta productora de papel para diarios del país, construida con el dinero de todos los argentinos y -específicamente- gracias a los impuestos a la importación de papel que pagaron todos los medios gráficos durante varios años) fue vendida con grandes facilidades a sólo tres empresas periodísticas: Clarín, La Nación y La Razón (que luego se desprendió de sus acciones). Como las autopistas que se levantaron sobre la ciudad de Buenos Aires, Papel Prensa S.A. se convirtió así en una herencia más del Proceso”.

Visualmente añadió que “en mayo de 1977, Clarín realizó el anunció desde su portada, con un recuadro gigante a dos columnas que ocupaba los dos tercios derechos de la primera plana (…) Clarín se ocupó de detallar en ese recuadro todos los pasos que se siguieron para la compra de las acciones de Papel Prensa. Y puso especial énfasis en aclarar que, gracias a la inyección de capital de los medios compradores, la planta iba a poder finalizarse de una vez por todas. Al final, haciendo honor al refrán que habla de la ‘cola de paja’, se cuidaba de aclarar: ‘Como surge de todo lo expuesto, la transacción se celebró a la luz pública y con el consentimiento previo y posterior del Estado (...), preservando un proyecto de interés nacional y resguardando el abastecimiento para todos los diarios de su principal insumo, en defensa de la libertad de prensa, de conformidad con una centenaria tradición argentina y respetando uno de los soportes de nuestro estilo de vida’”.

A propósito del caso de Papel Prensa, es interesante recordar que el año pasado, el Foro del Periodismo Argentino (FOPEA), organizó una charla sobre periodismo en la que participaron Magdalena Ruiz Guiñazú y Horacio Verbitsky. Allí, el columnista de Página/12 también recordó que durante la dictadura, La Nación y Clarín se asociaron con el Estado en la sociedad Papel Prensa, “cuyas acciones compraron mientras sus propietarios estaban siendo torturados por la dictadura militar y fueron obligados a venderles a Clarín y a La Nación las acciones que hasta el día de hoy retienen como socios del Estado. De modo que, me parece, aparte de hablar de los periodistas, tenemos que ensanchar el análisis para incluir a los medios y a los gobiernos. Sólo así vamos a poder llegar a alguna conclusión clara sobre las relaciones entre el periodismo y el poder”. Concluyó contundente, que a raíz de ese hecho “Clarín y La Nación tienen un cadáver en el armario, que apesta”.

Otros tres sitios

El sitio Argenpress, creado por el periodista ya fallecido Emilio J. Corbiere, también publicó un especial sobre el 24 de marzo, en el que publicó las tapas más representativas de Clarín y La Nación durante la dictadura, extraídas del ya citado libro “Decíamos Ayer” de Blaustein y Zubieta.

El sitio Nuestra América, dirigido por Jorge Benedetti, también decidió recordar el 24 de marzo con una producción titulada “La Patria Secuestrada”. Allí también se pudieron ver tapas de época de Clarín y La Nación, como así también de las revistas Somos y Gente.

Por último, el sitio Periodismo Social también dedicó un espacio titulado “Sin autocrítica y con 85 desaparecidos”. Allí incluyó declaraciones de los periodistas Eduardo Blaustein y Carlos Rodríguez, de Página/12. En un párrafo señaló: “’ ¿Cómo un actor social tan importante como los medios no hizo su autocrítica sobre el papel que jugó durante la dictadura?’, se pregunta Eduardo Blaustein. Y se contesta: ‘No lo hacen porque algunos creen que obraron bien, y otros por estrategia de marketing que le dirá que no es el momento oportuno’.

Algunas reflexiones

Los lectores de diarios argentinos – que lógicamente también son televidentes y oyentes – pudieron comprender este 24 de marzo la dimensión que tuvo el genocidio. Sus fines. Sus principales actores.
La interpretación histórica es parte del debate, de las causas y sus consecuencias.

La “maduración de la sociedad” que mencionó en su reciente editorial el diario Clarín parece no abarcar a los propietarios de los grandes medios de ayer y de hoy. Porque no son todos, ni todos los empresarios son iguales.

Algún editor de un matutino importante, alguna vez le dijo al DsD que la autocrítica es un proceso que debe darse naturalmente, que no puede ser forzada de un día para otro. Otros piensan que la autocrítica puede ser también una actividad del marketing, que sirve para acercarse más a los lectores, a las audiencias. Si es un “proceso”, nadie se anima a dar el primer paso. Si es marketing, entonces pidamos marketing.

Los diarios de Estados Unidos han publicado numerosas autocríticas sobre su posición sobre la invasión a Irak, luego de haber publicado “operaciones de prensa” del Gobierno de George W. Bush para crear un clima favorable a la intervención bélica. Ahora lo sabemos porque sus propietarios lo reconocieron de cara a sus lectores.

El diario español El País, también publicó una autocrítica por haber afirmado que los atentados de Atocha fueron obra de ETA teniendo como única fuente al entonces presidente José María Aznar. Se sabe que no fue así. La entonces Defensora de los Lectores de dicho matutino pidió disculpas y se esforzó en explicar el caso.

Así, los ejemplos en el Mundo son muchísimos.

La revista Humor de Andrés Cascioli – en la edición aquí aludida – se preguntó en 1995 en su portada “¿Qué hiciste tu en el Proceso, Papá?”.

Nuevas generaciones de argentinos ya preguntan “¿Qué hiciste tu en el Proceso, Abuelo?”.

Si seguimos así, los nietos escribiran la historia.

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