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Edición Especial - Viernes 11 de agosto 6:00 hs

Periodistas

20/11/2006

Recuerdos de Ámbito Financiero, con el sello inconfundible de su fundador

La muerte de Julio Ramos marca un fin de época

Noviembre de 2006.- Los diarios de hoy, 20 de noviembre, incluyen las necrológicas de Julio Ramos. Algunos lo señalan como “innovador”, otros dicen que fue “el padre del periodismo económico”. El DsD recoge esas opiniones y agrega algunos extractos del único libro que contó la historia de Ámbito Financiero: “El Señor de los Mercados” de Fernando Ruiz. Cómo manejaba Ramos la redacción. El “desdén” con que los periodistas del diario miran a la ética profesional. Por qué Ambito “no es admirado, pero sí leído”. Los periodistas “fantasmas”. Y las especulaciones sobre la continuidad del matutino más allá de Ramos. 

Noviembre 2006.- La muerte de Julio Ramos cierra un capítulo en la historia del periodismo argentino: el del diario Ámbito Financiero durante el período en el cual “El Pelado” estuvo al frente. La etapa de las grandes primicias (las dos más recordadas fueron el Plan Austral y el Pacto de Olivos), de los periodistas con seudónimo, de las batallas con el “monopolio” Clarín como le solía llamar, de la escritura enrevesada, del humor ácido rayano al cinismo, de las críticas sin disimulo a otros medios y periodistas y de la defensa de causas extravagantes como la del cura Julio Grassi.

El período de los títulos de tapa a veces incomprensibles o a veces precedidos por los simpáticos “Poco serio” o “Bueno para el país”, de las jugosas y extensas “Charlas de Quincho” y del uso de los términos “marxista”, “leninista” o “izquierdista” en forma peyorativa. Estas son sólo unas pocas de las marcas indelebles que Ramos legará a la historia del periodismo argentino.

En una carta enviada a la revista Noticias hace dos semanas, Ramos había pedido que le dejen tomar “una copa de champagne” para festejar los 30 años de Ámbito, que se cumplirán el próximo 9 de diciembre de 2006. No podrá hacerlo, aunque más allá de la fecha exacta, “El Pelado” imprimió a fuego en estos 30 años de periodismo su impronta al diario que cuando se lanzó en plena dictadura militar (9 de diciembre de 1976) sólo estaba compuesto por cuatro páginas en las que se limitaba a publicar información bursátil y financiera. La colección completa de Ámbito, hasta la edición del viernes pasado, constituyen su mejor testimonio.

Aún resta saber si finalmente se realizará la venta de las acciones de Ámbito en poder de Ramos al empresario español Antonio Mata, como aseguran todas las fuentes del mercado periodístico. Lo seguro es que seguirá al frente de la redacción el director periodístico Roberto García, secundado por Ignacio Zuleta (política) y Guillermo Laborda (Economía). El matutino en los últimos días sufrió otra baja en su staff: la mudanza de Carlos Pagni, una de sus principales plumas políticas, a La Nación.

El recuerdo de los diarios

Las necrológicas de hoy, 20 de noviembre, incluyen todos los datos referentes a la biografía de Ramos, como así también de su desempeño profesional y de la fundación y desarrollo de Ámbito.

En Clarín, el obituario fue editado sin firma en la sección Información General y evitó referirse a las constantes críticas de Ramos a ese grupo. Diario Popular y La Prensa, también eligieron la necrológica neutra, sólo con la información de la trayectoria del dueño del diario.

En La Nación, fue editado en la sección Cultura, también en una nota sin firma. Desde el título lo consideró “un innovador de los diarios económicos” y en el texto el diario consignó que a Ramos “le gustaba decir que como Héctor Ricardo García (Crónica) y Jacobo Timerman (La Opinión) era un periodista que había forjado un diario nuevo, no recibido por herencia una empresa en marcha”.

Página sólo le concedió unas pocas líneas en una "breve" y descargó críticas contra Ramos. Dijo que "colocó su prosa al servicio de diversas causas, siempre a favor de los grupos económicos más concentrados y de los dirigentes políticos que representaran el pensamiento más conservador". Queda claro que para Página, Clarín no forma parte de los "grupos económicos más concentrados".

En El Cronista, Guillermo Kohan (ex periodista de Ámbito) firmó en la contratapa una columna titulada “Homenaje de un discípulo”. En un párrafo contó una anécdota que describe la pasión de Ramos por el periodismo. Dijo: “Ramos era sin dudas un apasionado. Y lo contagiaba por las buenas o por las malas. Me tocó verlo disfrutar y conducir cientos de reuniones de redacción, otras tantas noches haciendo la tapa del diario. O ya siendo un exitoso y adinerado empresario, mirarlo asombrado cómo seguía a media noche frente a la máquina de escribir de un diario en Neuquén, haciendo el epígrafe de una foto del básquet para ayudar a cerrar la sección Deportes (¡!)”.

En Infobae, desde la tapa se lo consideró el “padre del periodismo económico”. Allí se señaló que “Si hoy existen diarios como Infobae es justamente porque Ramos abrió, desde Ámbito, el camino para que la información económica, financiera y de negocios tuviera un lugar en la agenda pública”.

En Crónica, el obituario se tituló “Se fue un gran colega”. Señaló que “de estilo polémico y muy frontal, durante su extensa trayectoria Ramos cosechó adversarios pero también muchas amistades dentro del mundo periodístico. De hecho, siempre fue un amigo de Crónica”.

Sin dudas, la más emotiva fue la que publicó Roberto García en Ámbito. Allí, el director periodístico del diario comenzó diciendo: “Una sola palabra para el epitafio: periodista. Apreciaría para sí, Julio Ramos, esa definición única que lo incluye dentro de una raza en extinción”. García advirtió también que “aunque Ramos fuera exagerado, arbitrario, dominante, insoportable con frecuencia, más injustamente reconocido que querido, ese capítulo contra los monopolios que ofrendó al país desde Ambito y en sus libros no incluía enconos personales ni, mucho menos, envidias (al contrario, quizá para entender su dudoso gusto, el diario que más leía siempre fue Clarín)”. Y sobre el final, dejó constancia que la nota sobre la muerte de Ramos fue “escrita a tiempo, porque diario que cierra tarde no sirve, no se vende, como repetía implacable cada noche, para hacer la tapa de Ambito o cambiarla si la habían hecho otros. Ese finalmente era su alimento, su diversión, de costosa comprensión para aquellos -tan numerosos- que entienden el periodismo como un ganapán de 6 horas”.

También vale recordar la columna que firmó el CEO de Perfil, Jorge Fontevecchia, hace dos domingos en la contratapa de su periódico. Se tituló “Julio Ramos: un periodista” y señaló que “a Ramos le cabe perfectamente esta definición: justo o injusto, ponderado o arbitrario, y aún si hubiera sido mayormente injusto y arbitrario, nadie podrá negarle que hizo siempre periodismo”.

El señor de los mercados

El DsD publicó el año pasado una Zona Dura a propósito de la salida del libro “El Señor de los Mercados – Ámbito Financiero y el poder del periodismo económico” (El Ateneo), del director de la carrera de Comunicación de la Universidad Austral, Fernando Ruiz. Allí se reprodujo el primer capítulo de la obra, en el que se dio cuenta de los inicios tanto de Ramos en el periodismo como la creación de Ámbito Financiero.

El libro analiza el matutino desde su primer número hasta la crisis de 2001. Incluye también un epílogo escrito en 2005 en el cual Ruiz actualizó la información y brindó datos nuevos sobre la continuidad del diario. A lo largo de la obra, también se contextualizan los distintos períodos por los que pasó la economía argentina y la relación de Ámbito con cada uno de ellos.

En esta oportunidad, DsD presenta distintos extractos del libro, privilegiando aquellos en los que Ruiz describe el funcionamiento de Ámbito, la forma de conducir la redacción por parte de Ramos, el aporte de los distintos periodistas que por allí pasaron, algunas anécdotas que trasmiten el espíritu del diario, las apuestas políticas fallidas y las encuestas hechas “con métodos insólitos”. El libro está narrado en tiempo pasado, como si Ámbito hubiera dejado de existir. Quizá una lamentable paradoja.

También se incluyen algunas previsiones de lo que podrá ser Ámbito Financiero ahora que ya no está el odiado, admirado, ninguneado, sobrevalorado, defenestrado pero por todos respetado: el inconfundible Julio Ramos.

Periodismo y ética

En la introducción del libro, Ruiz adelanta que “todos los diarios tienen actuaciones públicas y actuaciones privadas. Por eso cuando nos referimos a un diario ético, estamos queriendo decir también que sus actuaciones privadas no interfieren en sus actuaciones públicas”. Y asegura que “la obsesión por la ética no es una característica distintiva de este diario. En varias entrevistas, Ramos y otros periodistas del diario se refirieron a la ética profesional con cierto desdén, como algo supuestamente ingenuo en un país como la Argentina. La apreciación, coincide, lamentablemente, con una gran cantidad de argentinos que piensan que un comportamiento ético no es realista en esta comunidad y que, por lo tanto, no es tampoco exigible”.

Un recorrido vertiginoso

El libro, al analizar la crisis económica del gobierno de Fernando de la Rúa asegura que “desde diciembre de 1976 hasta diciembre de 2001, el diario tuvo un recorrido vital vertiginoso. El boletín de la zona bancaria, nacido en la entraña del prestigioso diario La Opinión, se había convertido veinticinco años más tarde en un intento de copia de un diario de opinión política y económica similar al que creó Jacobo Timerman. Después de su primera etapa, donde primaba la información sobre tasas y otros mercados, comenzó a crecer la opinión económica en el diario. Con la llegada de la política en 1981, con el crecimiento cualitativo que significó el Plan Austral, y posteriormente con las cercanas relaciones con el menemismo, Ámbito desarrolló a fondo la opinión política”.

En ese contexto, relata que “cuando en 1997 abandonaron el diario Guillermo Kohan y Daniel Fernández Canedo, esa fue una de las cuestiones posiblemente de fondo. Ambos periodistas parecían más entrenados para hacer un diario económico, frente a la tendencia de Ramos y de García de ampliar la cobertura política”. Cuenta “El Señor de los Mercados” que “Fernández Canedo preparó incluso un ambicioso proyecto de Internet en 1996 pero Ramos no le dio importancia hasta que tardíamente sacaron ambitoweb”.

“Para algunos de sus jefes de redacción –continúa el texto-, el olfato del poder y la ambición de tener más influencia sobre los asuntos públicos lo habían llevado a Ramos a optar por ese camino. Había desistido en los últimos años de profundizar la senda del periodismo económico, y avanzó sobre la política. Hubo reuniones donde se discutió la posibilidad de que Ámbito se convirtiera en un diario de información general, como lo era Clarín o La Nación”.

Cuenta Ruiz que “el diario había incorporado nuevos temas: comenzó a tener una sección de espectáculos en 1986; en abril de 1988 inició una página de deportes los viernes y los lunes; en 1990 lanzó un suplemento cultural; y en 1992, uno de cocina. El diario tenía flexibilidad para adaptar sus temas a los sucesivos momentos que vivía el país”.

No admirado pero sí leído

Luego, el libro afirma que “el periodismo que el diario practicaba no era admirado por los colegas de otros medios. Ámbito no se preocupaba por definir las grandes abstracciones con las que habitualmente construía su narración de la economía. Al referirse al ‘mercado’, a los ‘exportadores’, a las ‘empresas protegidas’, a ‘los empresarios’, poco se decía sobre ellos”.

Asegura entonces que “el periodismo de Ámbito no era admirado, pero sí leído”. Y relata que “el diario tenía agenda propia, gran capacidad de instalar temas, y expresaba las opiniones en bruto de la City. Además, tenía un lenguaje que en las páginas claves del diario estaba obsesionado por comunicar”. Uno de los periodistas consultado por Ruiz para el libro le dijo que “el lector de Ambito deja pasar muchas cosas. No le importa que algunas cosas estén mal escritas” y que “en Ambito, con lo que no te podés equivocar es con la información”.

Según el libro, “una de las consignas institucionales que circulaban en la redacción era ‘escriban para que la gente entienda y para que se divierta leyendo información económica’. Había que darle frescura a un tema árido. En la tapa, la contratapa y los recuadros, solía haber una chispa diferente a la de los artículos que brindaban la información base. Estos sí podían estar escritos en forma más rutinaria, en especial si se trataba de economía”.

La pluma brutal

“Había dos plumas que definían la escritura de Ambito –asegura el libro-. Una es ‘la pluma brutal de Ramos’, donde el argumento simplista, rotundo, intenta suerte fortalecido por gran cantidad de datos, sin ponderación de calibre ni fuente. Desde sus primeras notas, firmadas en 1977, Ramos mantuvo ese estilo. La otra pluma era la de Roberto García. Era un estilete, más frío, menos sanguíneo, preciso, con mejor redacción, con más lógica, pero con menos fuerza. El era el modelo de periodista político del diario”.

Páginas adelante, Ruiz sostiene que “el diario disfrutaba de los argumentos que podrían ser entendidos por todos”. Luego reflexiona: “una de las contradicciones del periodismo argentino se daba entre los buenos comunicadores y los buenos periodistas. Aquellos llegaban al público, pero en general con información poco o nada precisa, mientras que los buenos periodistas podrían ser muy rigurosos pero tenían muchas veces incapacidad para comunicar”. Y concluye: “Ambito comunicaba bien, pero podía llegar a informar mal. Su vocación para el rigor era débil. Su reconocimiento de errores en la publicación de información era prácticamente nulo, como en el resto del periodismo gráfico argentino de ese momento. Ambito era adicto a la información, como buen reducto de periodistas no burocratizados; pero era también un hervidero de chismes o rumores, donde se bordeaba a veces el amarillismo periodístico”.

Periodistas que buscan avisos

La obra de Ruiz, señala que a Ramos “le parecía poco realista preocuparse demasiado por cumplir normas que en otros diarios de referencia económica mundial eran sagrados”. Y ejemplificó: “Hubo jefes de redacción que buscaban avisos, que publicaban información pagada por las fuentes o que invertían en los mercados sobre los cuales informaba y opinaba. Cualquiera de esos actos hubiera terminado con la carrera de un periodista en los principales diarios económicos del mundo. Un secretario de redacción aclaró para este libro que Ramos estimulaba que buscara avisos, pues le decía que eso redundaba en beneficio de todos, pero ese mandato difícilmente abarcaba también a los redactores. En su relación con sus fuentes empresarias, algunos secretarios de redacción se mantenían alertas para poder atraer algún nuevo apoyo económico, y eso redundaba en una comisión, o sumaba para un bonus anual donde uno de estos jefes podía recibir, por mencionar un caso, hasta doce sueldos”.

Afirma el libro que en la redacción de Ámbito, “había existido la permanente tentación del enriquecimiento extraperiodístico, y por eso la información cotidiana se teñía de dudosa credibilidad. Eso ocurría también en otros diarios de Buenos Aires, pero en Ambito la autoridad máxima tenía una tolerancia diferente. En el interior del mundo periodístico argentino, el diario no era considerado prestigioso”. Ruiz considera que se sigue diciendo dentro y fuera de Ámbito que “es un diario muy chivero”.

El mundo mágico de Majul

El libro también consigna un episodio que llevó hasta los tribunales a Ramos en una querella contra Luis Majul. El conductor de La Cornisa había publicado en uno de sus libros que dentro de la redacción de Ámbito funcionaba una mesa de dinero. Ruiz consigna la respuesta de Ramos: “Que el cronista de Hípicas vaya al hipódromo y nunca juegue unos boletos y el que hace bolsa nunca se compre una acción, eso existirá en el mundo mágico de Majul”.
Ramos, le dijo a Ruiz en la entrevista que mantuvo para el libro que los periodistas económicos “diariamente intervenían en acciones o en dólares para ellos, para gente a la que asesoraban y para todos sus compañeros periodistas, ya que es norma invertir a través de los colegas de la sección Economía”. Y afirma que “desde 1979 habría existido una mesa de dinero a la cual contribuían varios de los directivos y los periodistas más relevantes del diario. La mayoría acepta esto en conversaciones privadas, pero públicamente sólo avanzan sobre este tema Ramos y Luis Beldi: ‘Yo hice mucha plata mientras trabajaba en Ambito Financiero apostando a mercados a futuro, la bicicleta’, dijo Beldi en 1992”.

Autos y sobres

Entre algunas de las anécdotas relatadas en El Señor de los Mercados, Ruiz destaca dos: “La leyenda que ronda al diario, incluso fogoneada por quienes fueron sus principales espadas, incluye el caso de un periodista que recibió de regalo un auto importado por una portada favorable a un famoso empresario. Ramos sostenía habitualmente que la raya que no se cruzaba del punto de vista ético eran los fondos públicos: ‘lo único que condiciona a un periodista es el cargo público. Lo único que no acepto en mi diario es que reciban sobres con dinero de funcionarios públicos’”.
La otra anécdota reza que “cuando se desató la histeria por el ántrax enviado por sobres a las redacciones, tras el 11 de septiembre de 2001, se comenzó a revisar cada sobre que llegaba al diario. Un día ingresó a la redacción con un sobre en la mano que contenía billetes tickets. Se dirigió a un periodista, le entregó el sobre y le dijo: ‘La próxima vez, se un poco más prolijo’.

Los periodistas fantasmas

En otras páginas, Ruiz también aborda uno de los tantos rasgos distintivos de Ámbito: los periodistas con seudónimo. Dice que “fueron importantes en la historia del diario: Juan N. Ferrotti, Luis Calvo Anglada y Gustavo Fahler López. Eran tres periodistas inexistentes que recibieron innumerables llamadas, cartas, e-mails, tanto de recriminaciones como de elogios, incluso varios juicios”.
Gustavo Fahler López, dicen los periodistas del diario, era el nombre ficticio detrás del cual se ocultaba Roberto García. Hubo otros dos reconocidos seudónimos que el libro no incluye: “Pedro L. Aquino” (habitualmente utilizado por Carlos Pagni) y “Gustavo Hirsch”.

Ruiz dice que esos seudónimos “ahora desaparecieron” ya que “fueron desactivados hasta nuevo aviso. Los directivos se cansaron de explicar en los juicios que eran nombres de fantasía que utilizaban para decir cosas que no querían firmar con el nombre verdadero. Incluso cada uno de esos fantasmas comenzó a tener una identidad. Había argumentos que eran coherentes con la pluma de uno, pero no del otro. Uno estaba más a la derecha que otro y viceversa”.

El periodismo político

Para Ruiz, hay un “problema” con el “periodismo político” que ejerce Ámbito porque “desprecia pero a la vez protege a la mala política, pues no la revela en sus contornos más sucios. Las principales espadas políticas del diario –García, Pagni o Zuleta-, publicaban muchísimo menos de lo que saben, algo que también ocurre en general con la mayoría de los grandes diarios de Buenos Aires”.
Afirma que “algunos periodistas de otros diarios cada tanto publican libros periodísticos y allí canalizan bastante de esa información no publicada. Pero los periodistas de Ambito no escriben libros. Varios de ellos canalizan y cobran esa información en conversaciones reservadas con empresarios u otros sectores, como hacen también periodistas muy informados de otros medios. Ese es un clásico síntoma que se da en Argentina cuando el periodismo no pasa por un buen momento: surgen informes privados donde destacados periodistas difunden aquella información que sus medios, o no le exigen o no se animan a publicar. La consecuencia es que para el público queda disponible una información de segunda categoría”.

Resurrección económica, pero no de rigor

En otro pasaje, el libro lamenta que “a esa resurrección inesperada de relevancia intelectual que le dio el cambio de orientación económica del 2002, el diario no lo acompañó con una resurrección de rigor periodístico”. Consigna que “varios de los principales líderes de la redacción se fueron, y Ramos pareció perder puntos de apoyo par hacer un diario más equilibrado”.
Luego recuerda un episodio que fue ampliamente comentado en el ambiente periodístico: “El apoyo a la candidatura de Carlos Menem en las presidenciales de mayo de 2003 puso al diario al borde del ridículo, al cuestionar a todos los analistas de opinión pública y ofrecer sus propias encuestas realizadas con métodos insólitos”.

Para Ruiz, “en aquella campaña, Ramos pretendió estar cada vez más cerca de Menem al constatar cómo era estigmatizada por amplios sectores de la sociedad argentina. El diario fue arrastrado un paso más hacia el aislamiento con ese abrazo incondicional a ese menemismo residual, que tenía ya sólo recuerdos de aquellas alocadas jornadas hiperinflacionarias de 1989 en las que Ambito ‘descubrió’ al menemismo”.

Relata que “en la noche de la primera vuelta, Ramos no se dejó convencer de la derrota y armó una primera versión de la tapa del lunes con una victoria de su candidato con un resultado ajustado. Enseguida la realidad lo pasó por arriba”.

La supervivencia

Mirando hacia el futuro, Ruiz afirma que “está en duda ahora la supervivencia de aquella fórmula donde la fuerza desordenada e imprevisible de Ramos era canalizada y reconducida por importantes referentes de la redacción. Ahora, la energía de Ramos no tendría cauce. La salida de Luis González a principios de 2003 fue uno de los signos visibles de ese proceso. A partir de allí, se desencadenó una inestabilidad notable en la cúpula organizativa del diario, que los lectores posiblemente no percibieron, pues el oficio de varios veteranos podía asistir los siempre movidos últimos momentos de cierre”.

Según le dijo el propio “Lucho” González al autor del libro, “Ambito tenía una conducción unipersonal donde Ramos decide casi todo”. Luego, Ruiz señala que “varios de los periodistas que habían funcionado como contrapeso del dueño y fundador se habían ido del diario o habían renunciado a seguir cumpliendo esa función. Por lo tanto, estaba cada vez más en duda la capacidad de renovación y de adaptación del diario a la nueva época”. Asegura que “frente al futuro, existe incertidumbre entre los actuales periodistas sobre lo que va a pasar en el diario cuando Ramos ya no esté al frente, dado que no hay una sucesión clara”.

Y deja abierto el interrogante que hoy más preocupa en la redacción: “La gran duda era si el diario estaba recorriendo el mismo ciclo vital que su fundador”.En los matutinos de hoy, lunes 20 de noviembre, sólo El Cronista especuló con el futuro del matutino fundado por Ramos. Dijo que Roberto García “negó que la operación (con Antonio Mata) estuviese concretada”. El director de Ámbito añadió: “Ahora será mucho más difícil, por la sucesión, no es la decisión de uno, sino de varios”.

La historia que no termina nunca

Sobre el final del libro, Ruiz reflexiona: “No existen los diarios con el futuro asegurado, ni los que están determinados a vivir de glorias pasadas. Varios de los grandes diarios del mundo han nacido y muerto varias veces. Pueden estar moribundos y recibir soplos de vida que los hagan renacer hasta volver a ser lo que alguna vez fueron, o incluso más grandes. Esa es la historia del periodismo, una historia que no termina nunca”.

Con la muerte de Ramos, ¿habrá terminado la historia de Ámbito? ¿O se reinventará a sí mismo para mantener su lugar? Sólo el tiempo dirá cuál es su destino. Por lo pronto, en el matutino ya nada será igual. Y en el periodismo argentino tampoco.

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