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#PASO 2017

Edición Especial - Viernes 11 de agosto 6:00 hs

Los medios por dentro

10/05/2016
El momento de la resurrección, cuando Tiempo decidió que se transformaba en cooperativa (Crédito: Soledad Quiroga / Tiempo Argentino)
El momento de la resurrección, cuando Tiempo decidió que se transformaba en cooperativa (Crédito: Soledad Quiroga / Tiempo Argentino)

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Medios en crisis

Tiempo de resurrección

La historia de un diario joven que murió desde febrero y que cuatro meses después logró revivir en formato de semanario gracias al único esfuerzo de sus trabajadores. El fracaso de las gestiones Sergio Szpolski-Matías Garfunkel. El misterio en torno al empresario Mariano Martínez Rojas. La incansable lucha de los profesionales del diario pese a no cobrar un solo peso desde diciembre de 2015. Un capítulo gris en la historia de los medios que por ahora parece tener un final feliz.

 

Foto: Soledad Quiroga / TiempoEl mundo del catolicismo toma como auténtica palabra santa lo que figura en las Sagradas Escrituras, más conocida como Biblia. Entre tantos hechos registrados hace dos mil años existe un dogma principal que sólo se puede entender desde la fe: después de vivir un crudo calvario, Jesús murió y a los tres días resucitó.

Al seguir con estos hechos bíblicos se podría decir que los trabajadores de Tiempo Argentino también vivieron su Vía Crucis desde diciembre hasta hoy: todavía son ninguneados por la patronal y siguen sin cobrar mientras se las arreglan como pueden para seguir con sus vidas cotidianas. Pero el 24 de marzo quedó marcada como la verdadera Pascua periodística ya que Tiempo volvió a las calles con una edición aniversario después de 48 días de abstinencia en el mundo del papel. Y ese día tan importante para la Memoria, la Verdad y la Justicia quedó sellado a fuego como una jornada sagrada para los trabajadores de Tiempo, que se dieron cuenta que su propio trabajo se podía transformar en una cooperativa.

Fue así como el matutino creado en 2010 se convirtió en empresa autogestionada. Los trabajadores pasaron a ser “dueños de sus propias palabras”, como reza el actual slogan. Oficialmente, el renovado medio debutó en los kioscos de diarios y revistas el domingo 24 de abril. A partir de allí nació un semanario que le infló el pecho a los más de 120 aventureros que se quedaron para pelearla desde la figura de la cooperativa ahora llamada “Por más Tiempo”.

En la asamblea del 1° de abril todos los miembros del medio autogestionado se reunieron y decidieron por unanimidad hacerse cargo de Tiempo Argentino. El editor de Sociedad, Javier Borelli, fue electo como presidente de la nueva cooperativa. Pero su tarea estará acompañada por las presencias de los flamantes miembros del Consejo: el secretario Randy Stagnaro, la tesorera Malena Winer, los consejeros Alejandro Wall, Julia Izumi, Adrián Murano y Martín Piqué, más los síndicos Claudio Mardones y Alfonso Villalobos. En tanto, Gustavo Cirelli seguirá siendo el director periodístico.

Seis meses que fueron toda una vida

El proceso no fue para nada fácil. Las páginas de un nutrido diario no alcanzarían para contar todo lo que pasó y con lujo de detalles. El punto central es que más de 200 trabajadores del exmatutino del Grupo Veintitrés, entre los puestos fijos y los colaboradores, no cobran desde el mes de noviembre de 2015.

La situación se inició durante la gestión del dúo Matías Garfunkel y Sergio Szpolski, dueños del Grupo Veintitrés. Pero las postales de incertidumbre se repitieron con el Grupo M De Luxe, propiedad el empresario correntino Juan Mariano Martínez Rojas, que supuestamente se hizo cargo de Tiempo y de Radio América desde el 22 de enero.

Fue llamativo el proceso que se dio en aquellos días de enero porque 24 horas después del anuncio de la operación, el supuesto propietario firmó una columna que se publicó en la tapa del matutino. La documentación es contundente ya que Martínez Rojas se comprometió a regularizar a la brevedad la situación salarial. “Queremos construir una relación seria, basada en la confianza y la certeza, sin mentiras”, acentuó el titular de M De Luxe. El 4 de febrero, en una entrevista con la revista Noticias, el empresario correntino aventuró algo que todavía está muy lejos de la realidad: “La idea es ser el segundo grupo más fuerte de medios de Argentina”.

Durante el primer mes del año la impresión del diario presentaba vaivenes y el lector no tenía la certeza si en el kiosco de diarios iba a estar Tiempo o si el canillita se lo iba a tirar en la puerta de su casa. Sin embargo el 5 de febrero la situación se agravó porque la imprenta dijo basta por la abultada deuda de que tenía la firma Balkbrug S.A. (sociedad editora de Tiempo). Entonces el matutino dejó de salir a la calle. Los trabajadores, que encima seguían sin cobrar desde diciembre, habían perdido su hilo con los lectores.

Como si se tratara de un subibaja, los profesionales de Tiempo recibieron un trago amargo cuando todavía seguía la euforia y la emoción después del gran cariño y acompañamiento que recibieron en el festival musical que organizaron el 31 de enero bajo la consigna "No al vaciamiento del Grupo Veintitrés". Su fiesta tuvo una enorme visibilidad en las redes sociales pero al otro día no hubo lugar en la prensa porteña para un Parque Centenario colmado por 20 mil personas ante la presencia de artistas como la Bersuit, Las Manos, Chango Spasiuk y Ariel Prat, entre otros.

Crédito: Mariano Vega / Tiempo

Pero ese momento de algarabía plena por el alto impacto del encuentro cultural se desdibujó rápidamente con la interrupción de la impresión de Tiempo, cinco días después. Ante ese panorama, los profesionales decidieron permanecer desde el 5 de febrero en la redacción ubicada en Amenabar 23, en el barrio porteño de Palermo. El único vínculo que mantenían por aquellos días con el público era a través del portal http://pormastiempo.com/, donde se presentaron las noticias más importantes centradas en el conflicto y en la coyuntura política, social, cultural y económica del país.

Mariano Martínez RojasEl plan de lucha siguió y Tiempo volvió a salir el 29 de febrero y el 15 de marzo a través de dos versiones exclusivamente digitales. Mientras tanto seguía el silencio de misa en los grupos M De Luxe y Veintitrés. Las desagradables sorpresas no dejaron de irrumpir y el 23 de marzo, dos meses después de la supuesta venta del diario, trascendió en los diarios Clarín y El Cronista que Martínez Rojas quería rescindir el contrato con Szpolski. “Detectó una deuda superior a los $ 50 millones, evasión de cargas sociales de todos los empleados y la venta de facturas por $ 20 millones de publicidad oficial que debían cobrarse este año”, argumentó el gran diario argentino. Su colega salmón determinó que Martínez Rojas aludió a una “estafa”.

Por si fuera poco los trabajadores no se enteraron de la noticia por intermedio del dueño de M De Luxe, sino por leer las noticias en el papel de sus colegas. Para sumarle picante al conflicto, Garfunkel se autoetiquetó como “exiliado” en una entrevista que le concedió al periodista Alejandro Alfie el pasado 4 de abril en Clarín. Todo sin sumar los tuits-bomba que le dedica habitualmente a su exsocio Szploski.

Levántate y anda

En medio de ese contexto, los miembros de Tiempo parecían boxeadores golpeados con los duros y pesados guantes de la patronal. Pero a diferencia de una pelea deportiva, nada parecía tumbar a los supuestos más débiles pese a las pálidas noticias que aparecían día tras día. No importaba el silencio de las empresas. Tampoco la falta de dinero. Cuando lo más fácil, según los manuales de la vida, consistía en tirar la toalla o en abandonar el ring, los trabajadores decidieron redoblar la apuesta.

Es así que reunidos en asamblea tomaron la decisión de sacar por sus propios medios una edición papel “de colección” por el 40° aniversario del golpe cívico-militar. La idea era participar de la marcha del 24 de marzo a través de la instalación tres pares de gazebos para vender un producto puramente elaborados por los trabajadores a un precio sugerido de 20 pesos. La Gráfica Patricios fue la encargada de darle vida a la edición especial de Tiempo a través de un “inédito acuerdo solidario”.

Crédito: Soledad Quiroga / Tiempo

El escenario vivido en las inmediaciones de la Plaza de Mayo fue único, según reconstruyen todos los periodistas de Tiempo consultados por DsD. “El momento más efusivo se dio el 24 de marzo porque fue algo impresionante: era como que la gente iba a la marcha y también a comprar el diario”, se emocionó Javier Borelli, el flamante presidente de la cooperativa. Y recordó especialmente que el público dejaba hasta 100 pesos por el diario y no pretendía el vuelto porque se lo quería dejar a ellos. Además, el periodista no ocultó la enorme sonrisa que le sobresale por encima de la barba al repetir: “Los lectores sabían todo: quién era Szpolski y Martínez Rojas. Nos decían que teníamos que volver”.

Y ese, definitivamente, fue el punto de inflexión. Después del épico momento de la Plaza de Mayo se desarrolló una nueva asamblea. Emocionados hasta las lágrimas, los aventureros de Tiempo entendieron que sus esfuerzos autogestionados dieron frutos -no sólo por la impresión del 24 de marzo sino también por el festival musical del 31 de enero- y que era el momento ideal para que el medio adopte la figura formal de una cooperativa. Ese día hubo copas de champagne en alto porque se estaba escribiendo una página nueva en la historia del conflicto. El gesto era crucial pese a que no había espumante en el interior del cristal sino más bien agua. Esa bebida, tranquilamente, podría haber estado en la redacción porteña. Pero los bolsillos estaban demasiado flacos para ponerse en gastos.

La vida cooperativa

Javier BorelliJavier Borelli fue elegido por sus propios colegas para llevar las riendas de la cooperativa. En una amena y extensa charla con DsD, se animó a calificar que esa muestra de confianza es “una de las cosas más gratificantes” que le pasaron como periodista. Al mismo tiempo definió que la cooperativo Tiempo demanda un “esfuerzo” porque los verdaderos réditos económicos, si todo sale bien, se verán en el mediano plazo.

Con respecto a esta nueva etapa del ahora semanario, Borelli cree que en términos periodísticos el diario está “muy bien” aunque cree que semana a semana saldrá mejor aún y a medida que superen las dificultades de aprender sobre la vida administrativa de una empresa autogestionada. De todos modos tildó de “impresionante” la respuesta de la gente en cuanto a la compra, los llamados telefónicos, la adhesión y la identificación con el medio gráfico. Y eso le basta para no dejar de sonreír cada vez que se debe a su público.

Al recordar a la patronal anterior el nuevo presidente de la cooperativa se lamentó porque el diario realmente daba ganancias más allá de la pauta oficial. Y agregó que siguen al frente de los reclamos ante el Ministerio de Trabajo para que le reconozcan la deuda salarial -que hoy por hoy asciende a los 15 millones de pesos, según reconocieron a DsD los exdelegados gremiales de Tiempo- y que se pongan en marcha el Programa de Recuperación Productiva.

“Nosotros pedimos incluso que a Szpolski se lo convoque por la fuerza y no se hizo. Pero imagino que eso puede tener que ver con quiénes eran sus socios reales”, consigna Borelli al tratar de buscar explicaciones acerca de la decisión oficial sobre el titular del Grupo Veintitrés. E inmediatamente después lanzó un tema que ya se había leído en uno de los boletines del conflicto: “Hay socios de Szpolski que están vinculados con los servicios de inteligencia en la Argentina”.

En relación a los colegas, Borelli volvió a sonreír cuando DsD le preguntó por la solidaridad del mundo periodístico. Puntualmente aplaudió los gestos de muchos periodistas y de Telefé Noticias, Visión 7, Radio Del Plata, la AM 750 y Página/12 por haberle dado difusión al conflicto de Tiempo. Pero los laureles, según su perspectiva, se los llevaron los medios radiofónicos porque jugaron un rol fundamental a la hora de promocionar desinteresadamente la aparición del semanario.

Una voz experimentada

Mónica López Ocón / Crédito: Cultura.gob.arEn la otra punta de la redacción del segundo piso de la calle Amenabar, justo en el lado opuesto a donde habitualmente se encuentra Borelli, tiene su lugar reservado la editora de Cultura, Mónica López Ocón. No sólo está atenta a su computadora durante la visita de DsD sino que también se la observa con el teléfono al oído, emitiendo una voz tan suave como clara.

Ella hace 40 años que ejerce como periodista. Se inició como freelance en La Opinión de Jacobo Timerman, luego formó parte del primer Tiempo Argentino (1982-1986) y después de pasar por distintas revistas recaló en la Editorial Perfil, donde se desempeñó en Luna y en Noticias. Pero cuando se gestaba el nuevo Tiempo de la gestión Szpolski, López Ocón recibió el llamado de su excompañero Roberto Caballero -y también exdirector periodístico de Tiempo- para sumarse al proyecto de un nuevo diario. Sin dudarlo, Mónica aceptó la oferta profesional. “No es muy frecuente que una persona asista a la fundación de un diario”, le confesó a DsD la experimentada periodista.

La falta de pagos de la patronal, como a todos los miembros de Tiempo, le afectó su vida diaria. Ella asegura que sabía quién era Szpolski pero que nunca pensó que se iba a desatar esta historia. “Fui dándome cuenta con el pasar del tiempo de lo mal que me había hecho: tuve todo tipo de síntomas físicos como no poder acostarme durante una semana porque sentí que me ahogaba”, describe la mujer al revivir lo que fue el calvario periodístico. Por esa situación ella pasó dos semanas descansando sentada porque no había forma de que se acostara.

“¿Descubrió algún don o virtud oculta durante este tiempo de lucha?”, fue la pregunta que DsD le hizo a López Ocón. Ella sonrió y respondió que nunca imaginó que iba a separar las cebollas malas de las buenas luego de recibir donaciones del Mercado Central, en el marco de la delicada situación salarial para cientos de trabajadores.

Pero eso no es todo lo “extraño” que hizo porque también subrayó: “Nunca pensé que iba a ser telemarketer. Si hay algo para lo que no tengo vocación ni aptitudes es para la venta”. Es que ahora, ante la reconversión de Tiempo, cada periodista, diseñador, fotógrafo u otro profesional tuvo que adaptarse al nuevo entorno y encarar funciones tal vez impensadas. Mónica eligió encargarse del tema de las suscripciones y ahora tiene la función de contactar nuevamente a los antiguos suscriptores para invitarlos a participar del nuevo proyecto.

A la periodista le falta muy poco para que le salga su trámite de jubilación. Sin embargo eso no le lleva a quedarse cruzada de brazos ni a esperar pasivamente la etapa que vendrá. Sus compañeros siguen sorprendidos porque cuando decidieron quedarse haciendo guardias en la redacción de Palermo ella fue una de las primeras en plantarse en su silla para defender el corazón periodístico de Tiempo. Resulta que todavía hay un temor de que la patronal, y de un día para el otro, se lleve todo el equipamiento y deje a los profesionales sin sus herramientas de trabajo.

Igualmente Mónica no consigue ocultar su costado sensible: la familia. No pudo evitar que sus ojos se le llenaran de lágrimas cuando apuntó que su núcleo íntimo resultó fundamental para sobrellevar el conflicto y al relatar que su hija, una estudiante de arte de la UBA, le ofreció a los trabajadores sus dotes para cortar el pelo. El tercer piso se transformó en una peluquería durante seis horas y López Ocón se llena de orgullo al subrayar que un miembro de su familia llevó adelante la iniciativa.

“Así como tengo mis momentos de bronca, como en todo laburo, para mí el periodismo es descubrir el mundo. Es como estar en la cocina del mundo, ya que tiene que ver con la curiosidad. Es un trabajo que siempre quise”, catalogó Mónica al responder la pregunta de DsD acerca de qué es lo que la impulse a seguir luchando pese a que las voces amigas le recomiendan “jubilarse” porque “ya trabajó demasiado”.

“El Pulpo” de los conflictos

Nicolás Peralta escribe en la sección Espectáculos. El cine y el teatro son las especialidades del joven periodista al que sus colegas apodan “El Pulpo”. “Nosotros le hacemos frente al conflicto, poniéndole el pecho”, calificó y luego ilustró con una imagen: “Sino te quedás en tu casa mirando la pared, te pegás un corchazo y ya”.

Nicolás PeraltaPese a que trabaja desde hace seis años en el rubro periodístico, se podría decir que “El Pulpo” tiene un master en conflictos laborales. Resulta que Nicolás formó parte del staff del diario Crítica de la Argentina, que se reeditó en 2008 y terminó abruptamente en 2010. De ese episodio también rimbombante en el mundo de la prensa argentina, el joven pasó al Grupo Veintitrés, donde escribió para Infonews -que cerró el pasado lunes 2 de mayo- , El Argentino y Tiempo.

“Se lograron cosas muy rápidas por ser efectivos”, comparó Peralta al realzar las virtudes de este grupo de trabajo, que ya tiene seis años de experiencia compartida. En cambio manifiesta que en Crítica no sólo había poco recorrido como grupo, sino que también existieron varios intereses en común y un norte periodístico sin definir. Como resultado surgió la revista Cítrica, una cooperativa que sigue en pie y que tiene a “El Pulpo” como uno de los miembros fundadores. “Su realización llevó más tiempo que el esperado por la inexperiencia”, equiparó ante DsD al hacer un balance de su anterior y juvenil experiencia.

Hoy en día Peralta ya quedó sellado a fuego por el primer conflicto que lo sorprendió en su vida profesional. Pero las cosas del destino lo volvieron a conducir a una empresa que implosionó desde diciembre. “En la época de Crítica tenía ahorros y no la pasé tan mal”, asegura el periodista pero se preocupa por el hoy: “Lo de ahora destruyó la economía familiar”. Es que “El Pulpo”, además de tener un pequeño hijo de un año y medio que no deja de mencionar, estaba junto a su pareja construyendo una casa que le insumía un “gasto altísimo”. Ahora la obra se paró y el pequeño núcleo familiar se adaptó a la nueva situación. De todos modos se mostró aliviado porque su mujer sigue trabajando y porque su tío continúa prestándoles un departamento para tener un techo en el cual vivir.

Al igual que su colega López Ocón, considera ante DsD que la familia cumple un rol “clave”. Y para dar cuenta de esa escala de prioridades, recuerda una anécdota amarga que vivió en tiempos de la gestión Szpolski: “Quizá un momento muy feo fue cuando nos quedamos sin cobertura médica. Era muy tensionante porque se te empieza a caer todo. Fue una guachada porque hay gente que toma medicación, que está enferma y que como yo tiene hijos”.

Pese a los nubarrones y a las experiencias negativas, Nicolás distinguió que aprende mucho en este nuevo proceso porque hay un “compañerismo muy groso que llena de energía”. Y en especial el periodista está expectante porque el cooperativismo abre nuevos caminos interesantes de recorrer en el mundo de la comunicación. Él no quiere ver más una redacción vacía, como en tiempos previos a la cooperativa, y ya está predispuesto para escribir una nueva y exitosa hoja desde Tiempo.

Una luna de miel extendida

Javier Schurman. Por Soledad Quiroga / Tiempo“Nunca tuve -ni tengo- dudas sobre el futuro, sabía que si no era en Tiempo en algún lado iba a laburar, de cualquier cosa, pero me preocupaba -y me preocupa- el ahora, el cómo llego a fin de mes, cómo pago la deuda que todavía tengo en la tarjeta y sobre todo cómo afecta todo esto a mi alrededor”, especifica Javier Schurman, el actual subeditor de Política de Tiempo que también tuvo un largo paso por el diario deportivo Olé (1997-2010).

Su caso no deja de ser peculiar: se casó en octubre y en medio de la nueva situación llegó la dura noticia salarial. En su muro de Facebook y a través de distintos tuits, el periodista se convirtió en uno de los voceros más sinceros y emocionantes de la situación que afectó a los 200 trabajadores vinculados al Grupo Veintitrés.

Al igual que todos sus colegas, consideró que el momento de mayor euforia se vivió en la Plaza de Mayo, el pasado 24 de marzo. “Llorábamos cada vez que un lector se acercaba a mimarnos”, reconstruyó el exOlé. Además, Schurman aseguró que la experiencia que está viviendo es “increíble por el cinismo de los empresarios y por el aguante de los trabajadores”, y que principalmente esto deja muchas enseñanzas y una “piel de cuero”. Tampoco tiene vergüenza al manifestar que se emocionó, se enojó, y lloró muchas veces pero “nunca solo”.

Como parte de la nueva etapa, Javier también se orgullece al recordar que pese a sus tareas de subeditor durante este tiempo estuvo por primera vez en el back de un escenario, más precisamente en la coordinación de la parte técnica y los artistas; vendió diarios y libros el 24 de marzo; y desde que se empezó a armar la cooperativa se transformó en uno de los coordinadores del equipo de Comunicación. Su luna de miel profesional tuvo nubarrones iniciales pero después, como en todo paisaje natural, el sol parece que volvió a salir.

Está vivo

Cada uno de los trabajadores de Tiempo tiene su historia. Cada una de ellas tiene momentos de euforia, bajones, tristezas y alegrías. Todas tienen el denominador común de un transitar cotidiano de cinco meses y sin un peso en los bolsillos.

Lo importante de esta larga y compleja historia es que Tiempo Argentino sigue de pie y que resucitó. No fueron tres días -como sucedió con Jesucristo- pero la luz llegó finalmente y el relato parecería empezar a tener un final angelical. Además de la nueva apuesta cooperativa y de los primeros signos alentadores para los periodistas autogestionados, lo importante es que el “diario está vivo”, tal como había rotulado ante DsD la subeditora de la sección Política, Viviana Mariño, el pasado 29 de febrero cuando Tiempo reapareció en formato digital. Y para demostrar que está bien vivo, sólo basta con leer la última edición del domingo 8 de mayo y comprobar que el semanario sigue teniendo un fuerte impacto en la agenda mediática gracias al esfuerzo de verdaderos periodistas independientes que siguen detrás de jugosas noticias.

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