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Catorce años después, Clarín empieza a cambiar su posición editorial
Clarín se aleja de la “teoría de los dos demonios”
pero La Nación se resiste al cambio
Las empresas periodísticas editoras de Clarín y La Nación con motivo del 28° aniversario del golpe de estado de 1976, publicaron sendos editoriales en los que criticaron el discurso presidencial y objetaron al Museo de la Memoria en el acto conmemorativo. Más allá de la posición coyuntural sobre ambos temas, los textos permiten observar qué piensan sobre la década del 70. Lo que Clarín y La Nación expresaron en 1989 /90 –en ocasión de los indultos del ex presidente Carlos Menem- sobre la historia reciente. La “teoría de los dos demonios”. Y cómo hoy se ajustan a una nueva realidad política. El DsD brinda un breve análisis de lectura comparada y ofrece a los lectores los editoriales de fines de la década del 80 y principios del 90, para que todos puedan sacar sus propias conclusiones.
El sábado 7 de octubre de 1989, el entonces presidente de la Nación, Carlos Menem anunció desde El Chamical, La Rioja, el indulto a 280 militares y guerrilleros, algunos de los cuales estaban detenidos, otros procesados y otros eran buscados por la Justicia. Los beneficiados por la medida fueron no solo a algunos militares y guerrilleros que participaron del enfrentamiento armado que vivió la Argentina en la década del 70. También fueron incluidos los integrantes de la junta militar que condujo la guerra por Malvinas (1982) y los que intervinieron en los alzamientos de Semana Santa, Monte Caseros, Villa Martelli y el copamiento de Aeroparque, todas sublevaciones de civiles y uniformados durante el gobierno de Raúl Alfonsín.

El 8 de octubre de 1989, Clarín sentó posición mediante el editorial “El indulto presidencial”, junto al tradicional panorama dominical (“Entre militares y desajustes”) firmado por el periodista Joaquín Morales Solá, quien escribía por esos días una de sus últimas columnas en el matutino antes de su desvinculación de la empresa. Por su parte La Nación, publicó el 10 de octubre de 1989, el editorial “Los indultos y el futuro de la República”, en su tradicional sección de opinión, donde se podía leer además el panorama de “política nacional” (“Las decisiones del Presidente”) firmado por el periodista Atilio Cadorín, ya fallecido.

El 29 de diciembre de 1990, el presidente Menem completó el indulto e hizo efectiva la libertad de los dictadores Videla, Viola, Massera, Ricchieri y Camps. Incluyó además al ex jefe montonero, Mario Firmenich (encarcelado en 1984) y el ex general Suárez Mason (estuvo detenido tres años). Además de Firmenich otros tres civiles recuperaron la libertad con dicha medida: la dirigente Norma Kennedy (procesada por malversación de fondos políticos); Duillo Brunillo (procesado por irregularidades en el manejo de dineros del ministerio de Bienestar Social y por la denominada Cruzada de Solidaridad) y el ex ministro de Economía del golpe militar de 1976, José Alfredo Martínez de Hoz (procesado por el secuestro de los empresarios Federico y Miguel Gutheim, ocurrido en 1976).

El 30 de diciembre de 1990, Clarín fijo su posición con el editorial “El indulto presidencial”, curiosamente con igual título que el que publicara catorce meses antes. Al lado del texto, el flamante columnista dominical, el periodista Eduardo Van Der Kooy firmaba el panorama dominical “La decisión más difícil”, reemplazando en dicha tarea a Morales Solá. En tanto, La Nación publicó el 30 de diciembre el editorial, “Los indultos”. Al lado, ya aparecían por entonces en las ediciones dominicales las “Cartas de lectores”.

La medida presidencial consagró así un mismo tratamiento judicial para militares y guerrilleros, una comparación construida durante el gobierno de Raúl Alfonsín, basada en lo que vulgarmente se conocería como la “teoría de los demonios”, es decir, ambos bandos se habían enfrentado mediante las armas en la década del 70, mientras se suponía la mayor parte de la sociedad argentina ocupaba el lugar de víctima por la violencia reinante, tal como ya describían en forma crítica algunos organismos defensores de los derechos humanos que de entrada se opusieron primero a la leyes de Punto Final y de Obediencia Debida de Alfonsín, y luego a los indultos de Menem.

La Argentina se enfrentaba así a un dramático debate: la reconstrucción histórica de los hechos recientes. Las empresas periodísticas – con honrosas excepciones – avalaron a la dictadura militar, fueron soporte de legitimación del régimen de facto. La periodista Graciela Mochkofsky autora del libro “Timerman” (Editorial Sudamericana) señala en su obra que en febrero de 1976 la prensa argentina “anunciaba con entusiasmo la inminencia del golpe”. Ya en democracia esas mismas empresas compartieron la “teoría de los dos demonios” para explicar el pasado reciente, es decir, reprodujeron el esquema de los dos bandos enfrentados. Y luego con Menem avalaron los indultos presidenciales.
Clarín, del apoyo al indulto a un principio de cambio
Clarín en su texto de octubre de 1989, señaló que “Comenzamos por recordar la diferencia entre el accionar de la guerrilla y la defensa de nuestras instituciones hecha por el brazo armado del Estado”. En otro pasaje indica que “El presidente Menem ha tenido ahora el coraje de desatar uno de los más dramáticos nudos gordianos de la vida argentina, asumiendo esa responsabilidad en forma personal y conforme con las disposiciones de nuestra Carta Magna”. Agrega con respecto al indulto que Menem “en definitiva, ha obrado inspirado en el bien común”. Al completarse la segunda etapa de los indultos, Clarín sostuvo la siguiente interpretación histórica:

“Por nuestra parte, siempre hemos aconsejado trazar una raya separando los días terribles, en que la Argentina se encendió en una sorda guerra impiadosa de las laboriosas jornadas destinadas, por el contrario, a reconstruir tanto la virtualidad de los valores humanos como los bienes de una sociedad bruscamente detenida en el tiempo. La guerrilla, al desafiar a las instituciones y al buscar para ello el camino de la lucha urbana, sacó violentamente a nuestra sociedad del cauce del progreso, un progreso que, a juicio de sus ideólogos no lo era del país en su conjunto sino de su parcialidad más aventajada. El remedio, para esa línea de pensamiento, era la superación de la sociedad anterior mediante su destrucción. Los jóvenes que se levantaron en armas veían a las generaciones que los habían precedido como incapaces para afrontar el desafío de la utopía; en contraste, ellos marcharon sin reflexión hacia su propio aniquilamiento y, a su paso, cometieron actos de crueldad inexpiables.
La lucha contra la subversión era inevitable. Ninguna sociedad acepta de buen grado la destrucción de sus instituciones. El poder civil acudió a las Fuerzas Armadas y éstas actuaron conforme a sus normas de combate en una situación atípica. Luego tomaron directamente el poder. Se cometieron extralimitaciones y actos aberrantes. La acción subversiva trajo consigo la represión y se conformó un círculo de hierro cuya lógica final no era sino la matanza entre hermanos”. Más adelante vuelve a respaldar a los indultos de Menem, al señalar que “El indulto ayuda de alguna manera a esa necesaria catarsis”.


El pasado 28 de marzo de 2004, Clarín publicó el editorial “Una evocación sesgada del pasado trágico”. Critica algunos aspectos del discurso presidencial del presidente Néstor Kirchner en el acto del traspaso de la ESMA para la creación del Museo de la Memoria, por parte de los organismos defensores de los derechos humanos. Catorce años después de aquellos editoriales de los bandos enfrentados; de la justificación de la “lucha” contra la “subversión”; de la “necesidad” de los indultos, Clarín ensaya ahora una nueva interpretación del pasado de los 60 y 70. Señala que:

“Sin embargo, para que la memoria cumpla su rol restañador y constructivo no debe ser parcial o sesgada. La iniciativa del Museo de la Memoria adolece de ese defecto porque además de militares y fuerzas de seguridad en la tragedia de los setenta, existió también la innegable responsabilidad de los civiles que ejercitaron y promovieron la violencia.

“Evidentemente las responsabilidades de unos y otros no pueden ponerse en un pie de igualdad, ya que el Estado tiene la misión indelegable de garantizar el imperio del derecho utilizando la fuerza dentro del marco legal. Pero aún así el papel de la violencia llevada acabo por civiles armados en la gestación y desarrollo de los acontecimientos no puede ignorarse en el balance de los hechos”.

Se puede observar que Clarín mantiene su interpretación histórica de dos sectores enfrentados sin mayores detalles. Pero ahora reconoce que la gravedad de la represión militar no puede compararse en “un pie de igualdad” con los hechos generados por la guerrilla, al menos en el “marco legal”. No es difícil entender después porqué el diario no coincide con la valoración que hizo el Presidente Kirchner de aquella “juventud maravillosa”, y de su condena sin justificación de los actos del “terrorismo de Estado”.
La Nación, resiste con su argumento

En su editorial de octubre de 1989, La Nación también avaló los indultos presidenciales. Lo hizo con la siguiente interpretación histórica:

“Desde la instalación del régimen constitucional, en diciembre de 1983, quedó abierto en el país un problema de naturaleza esencialmente político. Se trata de secuelas que la lucha contra el terrorismo dejó en el cuerpo social, afectado por acontecimiento de naturaleza nunca conocido antes de este siglo.

Los indultos ahora disgustos por el Poder Ejecutivo constituyen un esfuerzo para obtener el alto objetivo de superación de aquellos episodios en cuanto perjudiquen a la causa de la recuperación nacional en todos los órdenes.
(…)
Los acontecimientos iniciados por el terrorismo ideológicamente comprometidos con la extrema izquierda –y ese carácter de haber sido el iniciador del drama desatado no puede ignorarse- y los que siguieron a raíz de una metodología represiva que no atendió como era menester principios éticos insoslayables, dejaron huellas imborrables en la memoria de los argentinos. Esa realidad no obsta a la necesidad de que, desde un punto de vista social, se busque lograr un clima de reconciliación nacional y el país se disponga a reconstruir su destino”.

Al igual que Clarín en 1989, también La Nación interpretaba el tema como dos actores enfrentados. Claro que La Nación cargaba la responsabilidad del inicio de la violencia en la guerrilla “de extrema izquierda”, sin explicar en detalle cuales fueron las causas por las cuales hubo civiles que se armaron por aquellos años

En el editorial de 1990, La Nación profundiza un poco más en su lectura histórica. Dijo:

“La Argentina de la década del 70 fue conmovida por una violencia terrorista desconocida en el país en este siglo. Las peores manifestaciones de ese carácter, que desde años atrás ensombrecían otras latitudes y ensangrentaban países americanos, llegaron también a esta tierra y sorprendieron a las instituciones, que no estaban preparadas para afrontarlas.
Antes de 1976, las Fuerzas Armadas fueron convocadas por el poder constitucional para enfrentar al terrorismo. La tarea se intensificó después de marzo de ese año y, si bien en la práctica, a lo largo de varios años, logró terminar con las más tenaces y orgánicas formas de la guerra desatada brutalmente por el terrorismo, las heridas resultantes tendieron un nuevo manto de dolor y de odios sobre la sociedad.
Con la recuperación de la democracia como forma de gobierno y la vigencia de los derechos constitucionales en toda la plenitud, a partir de diciembre de 1983, llegó también un momento difícil: fue el juicio seguido en sede militar, primero, y ante el Poder Judicial después, de quienes tuvieron a su cargo la dura tarea de la lucha contra el terrorismo y consiguieron ganar, para bien del país, una guerra declarada de fronteras adentro bajo formas atípicas y que desencadenó respuestas también atípicas”

El 28 de marzo de 2004, La Nación insistió en su posición desde el editorial “Mirar hacia el país de mañana”. Dice:

“Los diferentes discursos y las múltiples expresiones que se vertieron durante el acto de entrega del predio de la ESMA, en coincidencia con el aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, merecen ser analizados con la mayor objetividad posible. En repudio a las violaciones de derechos humanos perpetradas por el Proceso, como ya lo dijimos, tiene el valor de un gesto que no puede dejar de ser compartido.
Pero no se ha alzado una sola voz de condena a los métodos violentos utilizados en la década del 70 por la guerrilla subversiva. Se insiste en concentrar todas las culpas sobre el sector militar y se ocultan, en cambio, las gravísimas responsabilidades de los guerrilleros, terroristas, políticos, periodistas, intelectuales, educadores y aún religiosos que menospreciaron con sus actos o con sus prédicas el sagrado valor de la vida humana. Cabe preguntarse sino se está programando otra vez a los jóvenes para perpetrar crímenes violentos con la excusa de estar sirviendo a un ideal revolucionario”.

Se observa entonces que La Nación, en términos general, ratifica su posición. Lo hace dando por válidas ciertas premisas, como que la guerrilla fue el fenómeno inicial de la violencia en la Argentina. Desde ese lugar, la posición editorial de La Nación no intenta ni “aggiornarse” a los cambios políticos del nuevo siglo.

El DsD aporta los editoriales en forma completa de 1989 y 1990 como parte de un debate inconcluso. Y para el estudio y reflexión de cómo los dos diarios más influyentes de la Argentina siguen aún hoy sin formular sus propias autocríticas sobre sus comportamientos empresariales durante la última dictadura militar y el sostenimiento de un discurso, aún después de 20 años de democracia.

       
       

 

DsD 31 - 3 - 2004
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