En el 2002 fue el caso Antokoletz, en el 2004, Itzcovich
Otra vez La Nación se niega – y luego accede - a publicar
la palabra “desaparecida” en un aviso fúnebre
El diario de los Saguier volvió a negarse a publicar un aviso fúnebre con la palabra “desaparecida” solicitado por una lectora. El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) intervino en el caso y entonces, La Nación accedió a publicarlo. Los argumentos de la empresa.
El sábado 29 de mayo falleció Mabel Itzcovich, a los 76 años de vida, como consecuencia de complicaciones cardíacas. Era una reconocida cineasta, crítica de cine y teatro, entre otras actividades que marcaron su trayectoria. Su hija, Ana Feldman quiso publicar el domingo 30 de mayo un aviso fúnebre en La Nación, pero nunca imaginó que iba a pasar por una situación inesperada.

Ocurre que Itzcovich, además de su hija Ana tuvo otra hija, Laura Feldman, quien en el año 1976 fue secuestrada a la salida del colegio Carlos Pellegrini, donde cursaba el último año del secundario. Hasta el día de hoy se encuentra desaparecida. Ana, quería que el aviso fúnebre, también estuviera firmado por Laura y que entre paréntesis dijera “desaparecida”. Sólo eso.
El domingo 30 al mediodía, Ana llamó al diario La Nación y habló con un empleado de la sección “Telemarketing”, que es la que se encarga de receptar los pedidos de avisos fúnebres. Como es habitual, Ana procedió a dictar el texto que quería que se incluyera pero cuando llegó a la palabra “desaparecida”, el empleado le preguntó: “¿Podemos ponerle ‘des.’ o ‘desap.’?”. La mujer se negó y le preguntó por qué no ponía la palabra entera. “Porque creo que no se puede poner ‘desaparecida’”, le comentó el empleado. Ana le dijo que una vez compuesto el aviso, se lo mandaran por mail así verificaba su contenido.

El domingo a la noche, al llegar a su casa, Ana se encontró con un mail del coordinador del área de Telemarketing de La Nación, Rodrigo Bernasconi, quien le había enviado el texto del aviso sin la palabra “desaparecida”. Según Ana, Bernasconi le explicó en el correo, que por “Normas de Publicación” del diario, sólo pueden firmar los avisos fúnebres personas con vida o personas jurídicas como empresas, SRL, etc.

Ana Feldman, le volvió a mandar el texto con la inclusión de la palabra “desaparecida”, a lo que Bernasconi le contestó que tendría que consultarlo porque era una decisión que lo excedía. Le explicó que no era una cuestión de mala voluntad, ni ideológica, sino que las normas a las que se tendría que atener, eran muy rígidas. El lunes, día en que Ana quiso que saliera el aviso, no pudo ser publicado.

Ese lunes al mediodía, indignada, Ana se contactó con los abogados del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Carolina Varsky y Diego Morales, quienes llamaron a Bernasconi para pedirle explicaciones acerca de lo ocurrido.

Bernasconi, les repitió las razones que le había dado a Ana. La abogada Varsky, le recordó que el 24 de julio de 2002, La Nación había hecho lo mismo: se había negado a publicar un aviso fúnebre de María Adela Gard de Antokoletz, y que sólo luego de la aparición de un “pirulo” de tapa en Página 12, el diario accedió a su publicación.

El “pirulo de tapa” de Página/12 del 24 de julio de 2002 decía lo siguiente:
DESAPARECIDO
Antokoletz, María Adela Gard de, qepd 23-7-02. Sus hijos Daniel Víctor
(det-desaparecido) y María Adela, su hermana Cándida F., sus nietos
sobrinos, sobrinos nietos y amigos, comparten el dolor, la esperanza y la
lucha de su vida y de su muerte. Sus restos son velados hoy hasta las 10 am en la Federación Judicial Argentina (Rincón 74). Serán cremados en el Cem. de la Chacarita hoy a las 11."
Este fue el texto del aviso que debería haber sido publicado hoy en las
necrológicas del diario La Nación. Pero la familia de la fundadora de
Madres de Plaza de Mayo recibió ayer por la tarde un llamado de una
empleada. Objetaba la presencia de Daniel. "No puede salir así porque los
avisos son de personas vivas para personas muertas", dijo. "Mi hermano está
detenido desaparecido. ¿La Nación sabe si está vivo? Si tienen problemas
pongan ausente por desaparición forzada, que es como establece la ley", le
contestó María Adela hija. La empleada consultó con sus superiores, pero no
hubo caso. El aviso no salió.”

Este hecho además generó un proyecto de declaración en el cual los entonces diputados Daniel Gómez, Alfredo Bravo, Sergio Acevedo y Margarita Jarque, repudiaron la actitud del matutino. “La decisión del diario La Nación de no aceptar la publicación del aviso fúnebre, con la justificación de que en su texto se incluía a su hijo detenido-desaparecido, cuando los avisos son de personas vivas para personas muertas, agravia la memoria y el reconocimiento de que los argentinos debimos enfrentar y vencer a los personeros del proceso militar, que utilizaron métodos aberrantes como lo fue la desaparición de personas”, dijeron los diputados en sus fundamentos.

Luego de que la abogada le recordara este caso, Bernasconi le dijo que en caso de tener que publicar la palabra “desaparecida” precisaría alguna constancia de ello, lo que terminó por indignar a Ana. De todas formas, Bernasconi pidió que le den tiempo hasta las 17 hs que volvería a consultar el pedido, siempre según Feldman.

A esa hora, Bernasconi llamó y declaró que el problema había sido de tipo administrativo, que había sólo una guardia el fin de semana y que se había cometido un error. Que el aviso podía publicarse en la segunda versión (es decir, con la palabra “desaparecida”). Ana no quedó conforme con la explicación de “error administrativo” y le pidió que le diga quién le había dado la autorización, a lo que Bernasconi le respondió que fueron “D´Amico y Arcucci”. Héctor D´Amico es secretario general de redacción y Daniel Arcucci, secretario de la sección “Deportes”. Ambos integran la “secretaría general” del diario. Para Ana el dato confirmó que las “consultas” que tuvo que hacer Bernasconi no eran sólo de tipo administrativo.

El lunes a las 21, Ana recibió un llamado de Daniel Arcucci, quien le comunicó que se sentía “desolado” por lo que había ocurrido, que nadie le había avisado nada (a pesar de que ya había pasado todo el domingo y todo el lunes) y le pidió disculpas en nombre de La Nación.

Finalmente, el martes 1° de junio, La Nación publicó el aviso fúnebre, con el texto pedido por Ana, que fue el siguiente:

“ITZCOVICH, Mabel., falleció el 29-5-2004. - su hija Ana Nora
Feldman, su hermano Oscar (a), su cuñada Anna (a) y sus sobrinos Giulio y
Elena (a) participan con dolor su fallecimiento e invitan a recordarla
como amiga y compañera junto con su hija Laura (desaparecida).”

Ana le agradeció a Arcucci las disculpas, pero le pidió que La Nación hiciera una retractación pública, a lo que el periodista se negó. El DsD accedió e investigó el caso, a raíz de que un allegado a Ana Feldman tomara contacto con nuestra redacción, molesto por la actitud de la empresa. Hay que destacar que el mismo 1° de junio -día en que salió el obituario-, en la sección "Espectáculos" de La Nación, salió publicada la noticia de la muerte de Itzcovich, con una reseña de su trayectoria, en la cual mencionan que su hija Laura se encuentra desaparecida.

En tanto, fuentes de La Nación consultadas por el DsD, redujeron el hecho a una “desinteligencia administrativa”. Según explicaron, “un desaparecido no se sabe si está vivo o no, por ende tampoco se puede establecer si tiene intención en aparecer participando en un aviso fúnebre”. Agregaron que “no estábamos al tanto de lo que había pasado en el 2002 (N.de la R. el caso Antokoletz) porque sólo tenemos registro de 90 días hacia atrás. De haber tenido ese antecedente a mano, no hubiera habido ningún problema”.

Las mismas fuentes también aseguraron que las “normas de publicación” del diario, prescriben que sólo pueden aparecer firmando un aviso fúnebre personas con vida, están “escritas”, pero que ´”no contemplan la posibilidad de que firme un desaparecido”.

El DsD intentó comunicarse con los secretarios Daniel Arcucci y Héctor D´Amico, pero ninguno respondió a los mensajes que se dejaron en sus contestadores y a sus secretarias y asistentes.

Vale aclarar que La Nación es una empresa privada, que está en todo su derecho de no publicar lo que no le parece adecuado. Pero el caso reiterado, dos años después, podría demostrar cómo una empresa periodística no terminar de adaptar su “cultura organizacional” a los tiempos que corren, incluso en el plano de las “desinteligencias administrativas”.

DsD 14 - 6 - 2004
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