Términos peyorativos, la palabra “menor”, las fuentes policiales y las estigmatizaciones
Cómo tratan los diarios a los chicos

La organización Periodismo Social realizó a lo largo del año 2004 un relevamiento en diarios nacionales y provinciales sobre el tratamiento que se le da a las noticias sobre niñez y adolescencia. A partir de ello difundió recientemente un informe en cual descubrieron algunas constantes en la construcción mediática. Términos peyorativos de los periodistas hacia los chicos, mayor consulta a fuentes policiales en temas delictivos, el uso incorrecto de algunas palabras y las estigmatizaciones sobre la peligrosidad de los adolescentes, fueron algunos de los señalamientos que realizó la institución. El DsD presenta a los lectores algunos fragmentos del informe, en los cuales se establecen estos detalles en la construcción que realizan los matutinos de nuestro país. Además, la opinión de los periodistas, y las voces de los especialistas en el tema.

¿Cómo tratan los diarios argentinos la información relativa a niños y adolescentes? ¿Las construcciones mediáticas estigmatizan de alguna manera a los chicos de nuestro país? ¿Qué parámetros usan los medios para ese tipo de coberturas? Estas y otras preguntas intentó responder la asociación civil Periodismo Social, en su informe “Niñez y Adolescencia en la prensa argentina – Monitoreo 2004”, elaborado por su programa Capítulo Infancia.

La publicación es la primera de su tipo –sin antecedentes por volumen de información relevada y rigurosidad del método estadístico-, que se realiza en nuestro país. Allí se fijaron una serie de categorías para evaluar el tratamiento que los diarios nacionales y provinciales le dan a la temática. Periodismo Social es presidido por Alicia Cytrynblum y el editor del mencionado trabajo fue el periodista Eduardo de Miguel.

Una conclusión presentada en las primeras páginas del trabajo asegura que “los diarios nacionales y los provinciales más importantes del país incluidos en este estudio compartieron, en general, una mirada distorsionada sobre los niños y los adolescentes que a menudo reflejó y terminó convalidando por error u omisión los mismos prejuicios de la sociedad a la que se propusieron informar”. Como un aspecto positivo, destacó que “al mismo tiempo, los diarios dieron prueba de su potencial cuando mostraron situaciones de vulneración de derechos y sus coberturas movilizaron a distintos actores de la sociedad a prestar atención al problema”.

Sin embargo, observó como una constante en la construcción mediática que “la reproducción de estereotipos de lo peligroso caracterizó muchas crónicas sobre Violencia, en las que la principal fuente fue la Policía (25,5 por ciento de las fuentes identificadas), sin otras versiones de los hechos que el lector pudiera evaluar. Muchos textos se centraron en la narración de “casos”, aislados de los procesos sociales en los que suceden”

La investigación realizada abarcó el estudio de 12 diarios nacionales y provinciales: Clarín, La Nación, Página/12, La Prensa, Crónica, Diario Popular, Ambito Financiero, Infobae, La Razón, El Cronista, La Capital (Rosario) y La Voz del Interior (Córdoba). Se recopilaron 22.905 notas, de marzo a diciembre del año pasado, y se analizaron según la clasificación de temas, fuentes, el enfoque y otras categorías.
Formas de Construir

El informe de Periodismo Social se refirió a la edición de las noticias en los diarios. Dijo que “el uso de términos peyorativos, básicamente la palabra ‘menor’, pero también otros de evidente carga despectiva, involucró el 12 por ciento de los textos clasificados. La palabra ‘menor’, en particular, es resultado de una construcción, de origen judicial y policial, que pone de un lado a niños y adolescentes protagonistas o víctimas de algún conflicto, y deja del otro lado a los que sí se ajustan a un modelo de orden social adulto, a los que se llama ‘chicos’ o ‘pibes’”.

Los problemas a la hora de tratar la violencia que tiene como actores a los niños o adolescentes fueron incluidos en el informe. Allí se señaló que “la violencia, en sus diversas formas, ha sido el tema más tratado por el conjunto de los diarios nacionales argentinos durante 2004 en asuntos de niñez y adolescencia (26,1 por ciento del total de notas)”. El texto asegura que “Violencia es un tema muy abordado, pero al mismo tiempo cargado de problemas y riesgos para los periodistas. Un repaso a las casi 6 mil noticias muestra algunos de los más comunes: se puede estigmatizar a ciertos grupos sociales, se puede incurrir en clichés peyorativos y, sobre todo, se puede privilegiar la versión policial de los hechos”.

El informe apunta que “una noticia refleja apenas un momento, en un lugar, de un proceso personal, familiar o social de raíces muy complejas” y señala que “sin la consideración del contexto social, económico, legal y cultural los riesgos de caer en simplificaciones y preconceptos son más altos, y los periodistas podemos terminar reforzando sin querer una mirada punitiva: el lector, por ejemplo, puede quedar más preocupado por cuidarse de los niños y adolescentes que por protegerlos. Es decir, algunas personas incluyen a niños y adolescentes en sus estereotipos de lo peligroso”.

Para Periodismo Social, “pareciera que tiene más relevancia mediática cuando un niño actúa como victimario de un hecho de violencia antes que cuando es víctima”. El informe se pregunta ¿qué tipo de delitos cometen los niños y adolescentes? Y responde que “la mayoría (48 por ciento) de esas causas penales correspondió a delitos contra la propiedad, como hurtos o robos simples y no a los crímenes como secuestros u homicidios, que tienen en vilo a muchos ciudadanos, incluso a los que marcharon durante 2004 en apoyo de penas más duras también para los jóvenes. Datos del CELS del 2001 reflejan la misma situación en los delitos cometidos por los jóvenes en la provincia de Buenos Aires. La mayor cantidad de niños, niñas y adolescentes privados de libertad por causas penales está imputado de la comisión de delitos contra la propiedad: robo calificado (18,2 por ciento), robo (12,6 por ciento), y tentativa de robo (9,9 por ciento)”.

Contra la simplificación

Una curiosidad del análisis realizado, se refiere a las fuentes que utilizan los periodistas de los diarios en las noticias que tienen como protagonistas a adolescentes. Asegura que “la Policía fue la fuente más citada para producir noticias sobre temas de Violencia (25,5 por ciento del total de fuentes citadas e identificadas) y los Poderes Públicos en su totalidad, incluida la Policía, representaron el 50 por ciento de las voces oídas. A este desequilibrio hay que sumarle una alta proporción de los textos sin fuentes citadas (11,3 por ciento de las notas sobre Violencia) o en los que fue imposible identificar alguna fuente (13,7 por ciento)”. Agrega que “los textos sobre Violencia sin fuentes citadas o en los que hubo alguna imposible de identificar llegan al 25 por ciento, un dato relevante, a la vez que preocupante, en todo proceso de construcción de noticias, mucho más sensible cuando se trata de violencia y de niños”.

Fernando Capotondo, editor de Crónica vespertina, fue consultado para el trabajo y señaló que “si en una nota sólo aparece una fuente policial obedece a la imposibilidad práctica de consultar a otras. Nunca responde a una decisión editorial de ignorar otros aportes”.

El informe asegura que “frente a este predominio abrumador de la fuerza pública en los textos de las páginas policiales, otras fuentes que podrían dar versiones más diversas de los hechos, permitir diversas interpretaciones al lector y enriquecer el contexto parecen haber sido subestimadas: las familias (13 por ciento del total de fuentes identificadas), el Poder Judicial (9,8 por ciento), los expertos (7,9), los niños y adolescentes (3,6) y las organizaciones de la sociedad civil (3)”.

Concluye que “es necesario que los periodistas revisemos esta tendencia porque influye de manera decisiva en la construcción de las noticias, su enfoque y hasta en el vocabulario empleado”.

¿Menores o niños?

Periodismo Social señala que otra característica de la cobertura de Violencia ha sido el uso reiterado de términos peyorativos, “tan marcado que acapara casi la mitad (48,6 por ciento) del total de notas con términos peyorativos registradas en este informe”. Añade que el término “Menor” fue “una de las palabras más utilizadas para referirse a niñas, niños o adolescentes tanto agentes de violencia como víctimas de ésta (sobre todo en ataques sexuales)”.

En torno a ese lugar común del periodismo, el informe afirma que “en principio, el uso de palabra ‘menor’ infringe una regla gramatical al aplicar un adjetivo donde corresponde un sustantivo. ‘Niño’, ‘niña’ o ‘adolescente’, en cambio, son palabras que designan a una persona con derechos. Además, el término reproduce linealmente un lenguaje policial y judicial, y si se toma la versión oficial como única o principal, no sólo se impone una determinada mirada sobre el hecho, sino que el periodista puede terminar adhiriendo a un lenguaje discriminatorio”.

Agrega que “este uso del lenguaje profundiza también una concepción que divide a la niñez en dos universos antagónicos: los ‘menores’ (los que están ‘en peligro’ y los que son señalados como ‘peligrosos’) y los ‘niños’ (los que aparentemente no tienen conflictos). Un texto clasificado durante 2004 ejemplifica esta división con este título: ‘Menor presa por violento robo a un nene’. ¿Acaso un juez atiende ‘menores’ en su despacho y ‘niños’ en su hogar?”.

¿De quién hablamos cuando hablamos de “menores”?

Para Periodismo Social, “los que asisten a la escuela y viven con sus familias, los que no tienen un conflicto visible, los que viven con sus necesidades básicas satisfechas y por lo tanto no son vistos en las calles, en las plazas o estaciones, son para el lenguaje periodístico ‘chicos’ o ‘chicas’, ‘niños’ o ‘niñas’. Los abandonados, los sometidos a la pobreza extrema, los que están en las calles, los que están en conflicto con la ley penal, los que piden en las esquinas, son ‘menores’.

El trabajo señala que “los niños y adolescentes tienen todos los mismos derechos que los adultos y no son ‘menos personas’ por ser más chicos. La infancia y la adolescencia tienen el mismo valor que cualquier otra etapa de la vida. El lenguaje utilizado en una nota debería considerar a la persona en toda su dimensión humana, en lugar de definirla únicamente por un atributo, una conducta o situación por la que esté pasando”.

Por eso recomienda “no hablar de ‘drogadicto’ sino de persona con un problema de adicción. No hablar de ‘discapacitados’, sino de personas con determinada discapacidad. Y no hablar de ‘menores delincuentes’, sino de personas menores de 18 años que cometieron un delito. Muchas de las noticias sobre niños víctimas de violencia sexual, adolescentes vinculados con la delincuencia o personas con adicciones transcriben las versiones policiales y judiciales, y con ellas las expresiones de su discurso. Un tratamiento más adecuado de la información y del uso del lenguaje debería procurar sumar como fuentes de información a las organizaciones defensoras de los derechos y no quedarse únicamente con la voz oficial y de los testigos no calificados del hecho”.

De la estadística realizada, se desprende que “los medios que más veces escribieron con términos peyorativos fueron: Diario Popular (21 por ciento de sus notas), Crónica (18), La Prensa (17,5), Ámbito Financiero (14,5) y La Nación (13,8)”.

Otras expresiones de noticias policiales que el informe cuestiona son: “Pibes chorros”, “precoz maleante”, “precoz delincuente”, “malandritas”, “gavilla de feroces malvivientes”, “hamponzuelos”, “pequeños hampones”, “precoces marginales” o “ladroncitos”. Estos términos, asegura, constituyen “un aporte a la estigmatización de niños y jóvenes como ‘potenciales sospechosos’, descritos peyorativamente por algunas de sus acciones y no por otras dimensiones de su persona, y una imputación gratuita sin debida sentencia judicial”.

Según el trabajo, “los dos diarios que más publicaron sobre Violencia (Crónica y Diario Popular, en ese orden) han sido también en 2004 los que le dedicaron más espacio a notas en las que niños o adolescentes fueron victimarios antes que a difundir acciones o reflexiones sobre el fenómeno de la violencia. En contraste, otros (La Nación y Página/12) revirtieron este orden de prioridades”.

Las palabras no son inocentes

“El uso del lenguaje, la elección de determinadas palabras y las expresiones cargadas de sentido en las noticias pueden favorecer la promoción de los derechos del niño, pero también cercenarlos. Las palabras, herramientas principales del periodista, son capaces de promover la condición de sujeto y ciudadano de los niños, pero mal utilizadas pueden producir el efecto contrario”, asegura el trabajo.

Añade que “en el 12,9 por ciento (2.619 textos) de las notas locales relevadas aparecen términos con algún tipo de carga peyorativa para referirse a niñas, niños o adolescentes. El término peyorativo ‘menor’, cuyo uso a muchos periodistas y a otros actores sociales puede parecerles inofensivo, es el que aparece con más frecuencia en los medios para aludir a ciertos niños, niñas o adolescentes”.

Sobre este tema, el informe consultó a cuatro periodistas de distintos medios. Aquí sus reflexiones:

“El periodista no piensa que utilizar la palabra menor es un acto de discriminación, se cuela por los cables de agencias, y no se hace con un criterio discriminatorio sino por comodidad”. (Agustín Bottinelli, La Prensa).

“Menor es un término con implicancia legal (menores de 21 años) que impide revelar el nombre del involucrado. De hecho, no es lo mismo ‘niño’ y ‘menor’ en un hecho policial, aunque en determinados casos puedan coincidir. Pero tampoco se ‘traslada’ la terminología legal a la jerga periodística, sino que los medios tratan de ser muy rigurosos en estos aspectos, para evitar futuras demandas. No nos parece peyorativo decir ‘menor’, aunque es cierto que es una costumbre que podría sustituirse dado el caso por vocablos como ‘niño’, ‘adolescente’ o ‘joven’”. (Federico Türpe, La Gaceta de Tucumán).

“De a poco, el término ‘menor’ se está dejando de usar. Probablemente, el periodista que lo usa no distingue la diferencia. No estaría mal que las ONG implementaran una capacitación gratuita y sencilla para que se mejore el vocabulario sobre la niñez”. (Pablo Calvo, Clarín).

“Al decir ‘menor’ se traza una frontera clara para el lector en cuanto a la edad y las responsabilidades del sujeto de la noticia. No así ‘chico’ pues puede ser mayor de edad. O ‘niño’, que se aplica para los que tienen hasta 11 o 12 años. Además, la Justicia misma traza ese perfil y cuando de menores se trata, la ley es muy estricta con los medios. (Guillermo Vucetich, Diario Popular).

La construcción del adolescente “peligroso”

El informe asegura que “los niños, niñas y adolescentes aparecen muchas veces en la prensa con imágenes estereotipadas que, a fuerza de repetición, se naturalizan. La sociedad crea representaciones sobre determinados grupos: selecciona características que les son propias, las simplifica, las generaliza y les adjudica un juicio de valor. Una de estas representaciones que tiene más fuerza y más presencia en los medios es la que vincula a la infancia pobre con la violencia y la delincuencia”.

Luego recogió opiniones de expertos en el tema, que aportaron sus testimonios. Estos son algunos fragmentos de sus palabras.

Marcelo Urresti (Sociólogo de la UBA): “El conjunto de prejuicios y estereotipos de la sociedad argentina tiene un origen socioeconómico: se valoran positivamente determinados rasgos -básicamente somáticos y culturales- de los sectores privilegiados y negativamente otros con los que se identifica a los pobres. La construcción de la sospecha sobre una clase peligrosa, por lo general ligada con la pobreza, coincidió con el foco de conflicto básico definido por la Policía. Primero fue el trabajador rural desplazado, luego los trabajadores urbanos políticamente organizados y los inmigrantes. Más tarde el lugar fue ocupado por la clase obrera resistente y los jóvenes politizados. Y hoy son los jóvenes pobres el blanco de las sospechas”.

Alejandro Morlachetti (Presidente de la Fundación Pelota de Trapo): “Esta idea de peligrosidad no es nueva y está estrechamente vinculada con el discurso de la seguridad, que ha ganado fuerza en toda Latinoamérica. Y que muchos medios también han asumido: en ‘Sociales’ se publican bautismos y cumpleaños de los niños de clase media y en ‘Policiales’, las vidas de los pobres. Así, se fomenta en el lector un estereotipo respecto a los adolescentes y jóvenes”.

Silvia Delfino (Investigadora del Observatorio de Medios de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires): “Cuando se estigmatiza un grupo, en este caso los niños y adolescentes, los medios no necesariamente lo hacen a través de enunciados explícitamente discriminatorios. Los medios pueden sostener este procedimiento desde un aparente punto medio liberal y ecuánime, en la constitución de sentido común. Así, cuando informan, los medios construyen una imagen que vincula el delito con una determinada franja de edad y grupo social: ‘joven, pobre, fuera de la escuela, sin control familiar, sin normas, adicto, alcohólico, violento, armado, dispuesto a delinquir’. Su contrafigura es la del joven de clase media o alta, ‘varón, familiar, religioso’”.

Gimol Pinto (Oficial de Protección de Derechos de Unicef Argentina): “El sistema normativo que rige la condición jurídica de la infancia en Argentina aun no se ha adecuado a la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, instrumento ratificado por el país e incorporado a la Constitución Nacional desde 1994. Estas normas, desde sus funciones y aplicaciones concretas en el ámbito jurisdiccional, estructuran de alguna manera la forma de concebir a la infancia y adolescencia asimilando al niño o adolescente pobre como peligroso, violento o previolento, del cual la sociedad debe defenderse y protegerse. Para ello, sostienen un sistema que no interpela al niño como sujeto de derechos y responsabilidades en la medida de su edad y maduración, sino que por el contrario lo tratan como un objeto depositario de las decisiones que se toman sobre él, que pueden consistir en su internamiento en una institución privativa de la libertad al margen de la comisión o no de un delito, hasta su seguimiento y vigilancia por el solo hecho de pertenecer a grupos socioeconómicos desfavorecidos”.

La voz de la redacción

El informe de Periodismo Social consultó a periodistas de los distintos medios nacionales y provinciales sobre el tratamiento que le dan a los temas de niñez y adolescencia. Para los autores del trabajo “tanto los periodistas como los editores y los empresarios de comunicación integran la sociedad y, por lo tanto, comparten con ella los valores que impregnan la mirada adulta sobre los niños, niñas y adolescentes y que luego se expresa en los medios. Sin embargo, esa mirada debería sumar una perspectiva de derechos humanos. Para empezar, es importante que los periodistas puedan “limpiarse” de los prejuicios sociales más comunes que pesan sobre los niños y los adolescentes en el momento de escribir sobre un colectivo social tan sensible y tan castigado”. En el caso de los periodistas de los diarios provinciales, además, se incluyen reflexiones acerca de la influencia que tienen es estos medios, los que se editan en la Ciudad de Buenos Aires.

A continuación se presentan las opiniones de periodistas consultados por Periodismo Social sobre los resultados del monitoreo 2004.

Pablo Calvo (Clarín): “No creo que el ranking cuantitativo de temas, encabezado por Violencia y seguido por Educación, responda a ninguna manipulación editorial. Creo más bien que refleja buena parte de lo que pasa en la sociedad, asustada y afectada por la violencia y muy preocupada por la educación, el gran nudo a desatar para una sociedad que quiera cuidar su futuro. En este tema creo que es fundamental la ayuda de las ONG. Son muy interesantes iniciativas como la de Periodismo Social de abrir su agenda de teléfonos al resto de los periodistas, que a veces se conforman con llamar al mínimo indispensable de fuentes por pereza”.

Fernando Capotondo (Crónica): “Los medios están en deuda en el tratamiento de los temas de niñez y adolescencia. Si bien las posibilidades son innumerables, por lo general nos limitamos a ir detrás de las noticias. Las investigaciones son excepciones. La niñez suele tener el rol de víctima en los medios. Es una situación que de alguna forma refleja la realidad de un país con muchas deudas pendientes al respecto. Las limitaciones en cuanto a fuentes informativas tienen directa relación con las posibilidades materiales a la hora de encarar una noticia. No sólo hablamos de recursos, sino también de tiempos de cierre. Si en una nota sólo aparece una fuente policial obedece a la imposibilidad práctica de consultar a otras. Nunca responde a una decisión editorial de ignorar otros aportes. En cambio, no tenemos problemas para citar a niños y adolescentes. La cuestión pasa por tener la disponibilidad de recursos y tiempo para hacerlo”.

Claudio Jacquelin (La Nación): “En general, la cobertura de temas de niñez y adolescencia, salvo producciones esporádicas, está signada por las noticias del día o hechos circunstanciales vinculados y por el impacto que los hechos pueden tener. Violencia y Educación tienen más periodistas especializados, son temas más cercanos y que resultan más fácilmente abordables. El predominio de las fuentes de Poderes Públicos, en los casos en que eso no está condicionado por la línea editorial del medio, se da por urgencias, falta de formación o capacitación, falta de recursos y hábito. Hay un hábito de dar lugar prioritario a fuentes institucionales oficiales, hay desconocimiento de organizaciones sociales (OSC´s) representativas y cierta desconfianza (generalmente por desconocimiento) sobre la credibilidad, objetividad e imparcialidad de las OSC’S”.

Agustín Bottinelli (La Prensa): “La niñez y la adolescencia entran como tema en los medios, en general, detrás de cada ola informativa. Si aparece la droga, se busca a los jóvenes y su relación con la droga; hay una andanada de delitos y allí aparece la delincuencia entre niños y jóvenes. La información que se maneja sobre los niños y los adolescentes busca el golpe bajo y en general no aporta solución al problema y se limita simplemente a mostrarlo. Los Poderes Públicos como fuente dominan porque las otras no ofrecen información sistematizada, ni la generan de manera frecuente, y están “más escondidas”. Tanta presencia de fuentes policiales se debe básicamente al uso de información de agencias y por la falta de imaginación editorial a la hora de realizar notas especiales. También se cuelan por los cables de agencias términos peyorativos como “menor”, y no se hace con un criterio discriminatorio sino por comodidad. El periodista no piensa que utilizar la palabra “menor” sea un acto de discriminación”.

Andrés Osojnik (Página/12): “El tema de niñez y adolescencia no está en la agenda, no sólo mediática, sino en la política. Lo que se publica, en general, es información a partir de hechos puntuales. No hay una preocupación previa para promover opiniones e investigaciones. A partir de un hecho puntual que es noticia, se puede, en ocasiones, si se lo sigue, darle alguna profundización. El ranking de temas refleja que la niñez aparece como problema, o como tema, cuando afecta al universo consumidor de medios pagos, de clase media para arriba. La problemática de la niñez le va a interesar si afecta, por ejemplo, su seguridad. En las fuentes se siente ese arrastre noticioso. Al no haber un impulso especial para profundizar se toma como fuente lo que viene preproducido por las agencias, que influyen mucho. También hay algo de pereza profesional, de no buscar otras fuentes. La situación profesional y laboral es relativa. Cuando se tiene la decisión y se quiere hacer una determinada estrategia editorial, las dificultades se pueden superar”.

Guillermo Vucetich (Diario Popular): “La velocidad de la información impone dar la noticia, que con frecuencia es policial o muy cercana a ello. Cuestiones como salud, costumbres o tendencias son, en general, propuestas de investigación que requieren más tiempo. Sin embargo, aunque la estadística señale que hay muchas más noticias que profundidad, la cuestión juvenil está razonablemente bien encarada por los medios, sin perjuicio de que aún pueda haber más desarrollo. Lo que le ocurre a la gente, lo que le pasa en la calle, es lo que el lector, en definitiva, quiere ver en los diarios. Puede resultar más impactante un asalto cometido por un grupo de “menores” de 15 años armados que el problema del aislamiento social de los jóvenes por uso de Internet. Lo primero es noticia y es para ya. El segundo caso es para elaboración: interesa, pero puede esperar. No se trata de una decisión del periodista sino de una decantación del interés de los lectores. La gente suele "sufrir" una suerte de "sensación térmica" sobre algunos temas. Si el vecino de la esquina fue robado por un “menor”, la noticia tiende a universalizarse: hay muchos “menores” robando en cada esquina porque ya ha escuchado de otros robos en otras zonas. El periodismo puede decir que no es tan así, pero la gente percibe todo lo contrario”.

Mariano Fontenla (Agencia Télam): “Es verdad que el Gobierno, con sus anuncios y estadísticas, lleva muchas veces la delantera, pero no hay excusas para obviar las opiniones de expertos, los comentarios y el contexto en la información de los canales oficiales. La variedad de fuentes es tan amplia que si un informe sale desbalanceado la responsabilidad es exclusiva del medio. Como atenuante para el periodista, apenas puede mencionarse que la falta de personal, de infraestructura, o simplemente de tiempo, puede en ocasiones hacer que una información no salga tan completa como debiera. El predominio de fuentes policiales obedece a que, en gran proporción, la noticia llega a las redacciones desde una seccional. Es probable, entonces, que nazca contaminada y ahí comienza el trabajo de esclarecimiento, en el que el entorno del niño o la comunidad escolar no siempre colaboran”.

Adrián Simioni - La Voz del Interior (Córdoba): “Faltan investigaciones en serio, que no pueden ser sólo periodísticas. Faltan datos consistentes que ayuden a mostrar la fotografía de la niñez y la adolescencia. En esto, tal vez, alguna falla hay en la falta de organizaciones civiles (OSC’s) que estudien y trabajen la cuestión en términos más, digamos, empíricos, con datos agregados, relevamientos más exhaustivos. En nuestro caso, sobresalen las notas vinculadas a la educación. Eso es claramente el resultado de una decisión editorial de poner en el centro de la agenda social los temas educativos. Hay temas que aparecen con mucha menor frecuencia, como la explotación laboral de menores o los niños en la calle. Ahí nos puede estar afectando la indiferencia, la falta de creatividad para tomar la cuestión en una forma original que no sea un rasgado de vestiduras. Los periodistas más interesados en niñez suelen ser los más jóvenes. A medida que pasa el tiempo, o bien se aburren del tema o bien el tema se transforma en un apéndice de un área de especialización (educación, por ejemplo), lo cual no es malo pero nos priva, por alguna razón, de periodistas concentrados, especializados y formados específicamente en ese tema”.

Pablo Icardi - Los Andes (Mendoza): “En general, los medios están construyendo una imagen "demonizada" de la niñez y la adolescencia. Los niños son ‘tema’ cuando roban, se drogan, no estudian o no leen. No se los tiene en cuenta como sujetos de derecho, sino como seres pasivos. Y todo el trabajo que muchas veces se realiza para cambiar algunos patrones desde un medio gráfico, intentando evitar términos prejuiciosos, focos ‘lastimosos’, estigmatizaciones, pierde sentido cuando un medio electrónico hace todo lo contrario. Pero no parece que sea un problema excluyente de los medios. Hoy en el país todo parece ser policial, y si no lo es ‘habrá que buscarle la vuelta’. Hay un contexto y, sobre todo, un discurso violento en la realidad argentina. La influencia de los diarios nacionales en nuestra agenda es muy grande. Si un niño es atropellado por un tren en Capital Federal, casi como acto reflejo habrá que buscar casos similares en la provincia, aunque aquí no pasen los trenes. Esa influencia hace ‘hipersensibilizar’ a la sociedad. Con el caso de Carmen de Patagones fue claro. Aunque en Mendoza la cantidad de hechos de violencia en las escuelas había bajado, la presencia mediática que tuvieron algunos casos aislados hicieron parecer todo lo contrario. Aún así, creo que en los diarios de provincia hay más posibilidades de contar historias. Al menos por lo que leo, los nacionales tienen temas muy generales y suelen ser fríos.

Matías Weibel - El Pregón (Jujuy): “Tal vez, los temas más tratados sean Violencia y Educación porque son los únicos campos en que se presenten las denuncias. Y porque aquí se incluye a otras personas que no tienen que ver con los rangos mas elevados de la sociedad. En cuanto a Salud, Situación de calle o Mortalidad infantil, tal vez si se mostrara esto daría cuenta de otras fallas, que afectarían al entorno del Gobierno y a problemas que deben ser solucionados por esferas ligadas a él. Los diarios nacionales influyen mucho. Los temas que se destinan a suplementos, los pocos que tienen que ver con salud, resultados de evaluaciones, todos tienen procedencia en medios nacionales. Publicar datos provinciales parece que no es conveniente, porque la provincia dejaría al descubierto sus fallas en la atención de niños y adolescentes. Los diarios del interior, debido a la crisis, han reducido su personal, y el tiempo que se dedica a la búsqueda de otras fuentes es muy reducido. Cuando los medios nacionales muestran a la niñez en la provincia, se muestran niños y jóvenes de nuestro Norte jujeño, haciéndolos aparecer cómo muy vulnerables, pobres, sucios, de una raza diferente, carentes de medios y de afectos y se denuncia el trabajo que realizan (cuidado de animales o largas horas de caminata para llegar a la escuela)”.

Horacio Lara - Diario Río Negro (Río Negro / Neuquén): “El orden del ránking de temas se relaciona con una realidad, que se volvió más explosiva en los últimos tiempos: la violencia en nuestras familias ha ido en aumento y esto se refleja en las aulas, en las calles, en los parques, en las discos. Por otra parte, y por cuestiones de emotividad más que de toma de conciencia o preocupación, el lector en general consume más este estamento informativo. Los niños en situación de calle han pasado a formar parte del paisaje urbano cotidiano de la gente y es uno de los temas que, si no es por una reacción de indignación de la prensa, no provocan situaciones informativas a diario. En el caso del Río Negro, los medios nacionales no nos impone ninguna agenda en niñez y adolescencia. Nosotros planteamos la agenda regional a partir de nuestras propias y específicas percepciones de la realidad que vivimos. Tampoco tenemos muchas dificultades para acceder a fuentes adecuadas. La práctica de años, en mi caso, sobre todo, en temas educativos, me ha abierto las puertas a otras instancias de la niñez regional. La educación es un buen área para dilucidar el entramado de los temas de la niñez y la adolescencia; la escuela es buen ámbito de resonancia para lo que nos pasa, en su mayoría. Las ventajas y desventajas de los diarios provinciales respecto de los nacionales, en recursos, distancias y tiempo son las mismas, porque el nivel profesional y tecnológico es el mismo. Y cuando un tema acapara toda la atención, como por ejemplo en Carmen de Patagones (28 de septiembre de 2004), se organiza con urgencia un grupo de cobertura que se mantiene según la evolución del tema”.

Marcela Isaías - La Capital (Rosario, Santa Fe): “Durante mucho tiempo se desvalorizó la palabra de los chicos y adolescentes, cuestionando qué tenían para decir. Y en todo caso, cuando se los convocó fue para que opinaran en el mismo sentido que lo hacen los adultos. Cuando se deja a los chicos un espacio para que opinen con autonomía demuestran una gran capacidad de reflexión y crítica. El problema es si hay disposición a escuchar eso. Por eso no es casual que muchas veces los artículos con las voces de los más pequeños ocupen el lugar de las "notas color", aunque esto está cambiando en los medios gráficos. En los diarios del interior, el trabajo depende de las posibilidades que los trabajadores de prensa tengan para moverse y cubrir las notas. Uno de los logros de los últimos tiempos de los medios gráficos ha sido romper con determinados estereotipos: la maestra de Gasalla o el alumno pobre-violento, por ejemplo”.

Federico Türpe - La Gaceta (Tucumán): “Es acertada la jerarquía de temas que se desprende de la investigación de Periodismo Social, aunque la distribución de los espacios no siempre es tan rígida. Niños en Situación de calle y Mortalidad infantil han sido temas centrales en La Gaceta en los últimos años. De hecho y más allá de que la cobertura no siempre alcanzó la excelencia deseada, la tragedia de los niños que morían por desnutrición tomó estado nacional e internacional a partir de las investigaciones de La Gaceta. Los medios nacionales, al menos en el caso particular de La Gaceta, sólo imponen una agenda cuando los temas son estrictamente nacionales, pero casi nunca cuando abordan temas generales. Incluso, son los medios nacionales los que toman informaciones del interior como punto de partida para realizar producciones, generalmente más amplias y mejor desarrolladas, porque cuentan con mayores recursos. Hay decenas de publicaciones diarias que se generan en el interior y que sólo son conocidas por los habitantes de su región. Por ello existe la confusión de que son los grandes diarios o canales nacionales los que generan una información, ya que el común de la gente (no así los periodistas) desconoce dónde se originó la información, siempre que no se trate de un hecho puntual, policial o similar”.

Finalmente, cabe destacar que el informe de Periodismo Social contó con el apoyo de Unicef y la Fundación Arcor.

 

Nota: Para ver el informe completo, hacer clic aquí (formato PDF).

DsD 23 - 6 - 2005
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