Las distintas disciplinas El deporte, y principalmente el fútbol, hizo su aporte de neologismos. Según el trabajo de las investigadoras, de esas crónicas provienen las expresiones “abrir el marcador” (para denominar al primer gol de un partido), “albiazul” (en referencia a los colores de la camiseta de Vélez), “a media máquina” (cuando un equipo juega sin mayor esfuerzo) o “buscapié” (en referencia a un “tiro generalmente al centro del área” en el que la pelota va al ras del suelo). También consigna el “sidieguismo” como “la tendencia de darle la razón a Diego Maradona” o el brasileño “jogo bonito” que designa el fútbol jugado “con gracia, estilo, habilidad”. También, claro, hay espacio para los “bilardistas”, aunque extrañamente no figuran sus contendientes, los “menottistas”.
La gastronomía y cierta moda “gourmet” en la cocina, llevaron a los diarios a incluir y trasladar a los lectores expresiones propias de ese argot. De este modo, los matutinos incluyeron en diversas notas expresiones como “Brunch” (un desayuno muy completo, cerca del mediodía, en donde se mezclan las palabras en inglés “breakfast” y “lunch”), el postre helado “parfait”, los “Frutos del bosque” (un sabor que combina “frutillas, frambuesas, moras y otras bayas”), “Malfatti” (una especie de ñoqui “preparado en base a ricota y espinaca”) o “Boconchino” para referirse a un trozo pequeño de mozzarella. También figura el ampuloso “Emplatar”, que no es otra cosa que poner la comida en el plato.
Los diarios relevados por las autoras también trasladaron a sus lectores términos del lenguaje propio de la tecnología, dando por hecho que son comprensibles sin mayor explicación. Por eso “e-book” o “e-basura” para designar a libros electrónicos o a mails no deseados, llegaron a las páginas de la prensa. Del mismo modo lo hicieron “Fake” (soporte electrónico que dice tener un contenido, pero que tiene otro) o los más popularizados “Hackear”, “Blog” y “Software libre”.
A la hora de escribir notas sobre salud, la prensa no omitió términos o expresiones propias de la jerga médica. Como se puede advertir en el diccionario, llegaron hasta las páginas de los diarios “Mala praxis”, “jet lag” (descomposición física producida por los aviones) hasta “discapacidad visual” para referirse con supuesto respeto a los ciegos.
La economía y los sobresaltos que nuestro país sufrió durante la crisis de 2001 tuvieron su impacto en el léxico de los diarios y así lo consigna el diccionario de los neologismos en la prensa. Un “acorralado”, por ejemplo, es aquel al que le quedó plata dentro del “corralito”. El más actual “desendeudamiento” refiere al “proceso de librarse de una deuda”, concepto muy en boga allá por el 2005 cuando se le pagó la totalidad de la deuda al Fondo Monetario Internacional. También derivada de la crisis se instaló la palabra “cuasimoneda” para referirse a los bonos provinciales. Del mismo modo quedó registrado el recordado “blindaje”, una operación acordada en el 2000 que ponía a disposición del país fondos para el pago de obligaciones externas.
La política sin dudas se lleva todos los honores a la hora de crear neologismos. Figuran todos los “ismos” (“Duhaldismo”, “Kirchnerismo”, “Delarruismo” y hasta “bullrichismo” para los seguidores de Patricia Bullrich). También los “istas” como “frepasistas” o “frenteamplistas”. Luego hay otros más complejos como “filoperonista” o “hiperduhaldista”.
Hasta una letra llegó a ser neologismo: la “K” con la que se designa a todo lo cercano al kirchnerismo: “radicales K”, “un acto K” o el “estilo K”. También está definida la expresión “mayoría automática”. La política internacional hizo lo suyo y acercó “hiperterrorista” o “narcoguerrilla”.
Los que están en contra de algo, rápidamente son rotulados por la prensa como “anti” y de esa manera suman neologismos. De este modo se sabe que hay “antiestatistas”, “antiglobalistas” “antikirchneristas”, “antijudíos” y hasta el complicado “antinorteamericanismo”.
El neologismo que no parece tal, sino de la década del 70 es “antisubversivo”, mientas que La Nación aportó el término “archineoconservador” para referirse a un funcionario norteamericano.
El mundo de la música no podía quedar afuera de la compilación. Y los diarios no se privaron de usar fórmulas propias de su jerga. En el diccionario se afirma que un “Backstage” es el “espacio que se encuentra detrás del escenario en un recital de rock”, mientras que aquel que toca la armónica es un “armoniquista”. El cuarteto de Liverpool popularizó la “beatlemanía”, mientras que también se afirma que existen los “beethovenianos”. Un “Cover” se denomina a la versión de una canción hecha por un artista que no es su intérprete original, mientas que “Power trío” se le llama a aquella agrupación rockera que forma con guitarra, bajo y batería. También existen los “jazzeros” y hasta los “hiteros”, aquellos con capacidad de componer “hits” o éxitos masivos.
Por último, la “vida cotidiana” fue fuente de múltiples expresiones que llegaron a los diarios y fueron publicadas una y otra vez hasta que la sociedad las hizo propias. Se pueden contar allí algunas de ellas: “pava silbadora” (que emite un sonido cuando el agua llega a determinada temperatura), “pantalla de plasma” (“televisores de muy poco grosor”), “portabebé” (trozo de tela en donde se ponen los niños para llevarlos sin tener que usar las manos), “unitario” no de aquellos que peleaban contra los federales sino un “programa de TV que se emite una única vez” o “cibercafé” como bar equipado con computadoras conectadas a Internet.
El periodismo no tiene mayores entradas en el diccionario. Sólo figura la expresión “periodístico – testimonial”, utilizada para referirse a programas que “abordan temas de la realidad social e incluyen los testimonios de los involucrados”.
Por lo cual, quienes se dediquen a la profesión de buscar “data” (figura como sinónimo de información), deberán recurrir al “pay per view” o, en cualquier caso, siempre está la opción de ser “cuidacoches”.
Claro que siempre habrá quien prefiera dedicarse al “cybersexo”. Una opción más divertida que la de ser un “policía de escritorio”.
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